Así no, Modesto

AROUSA

C

uarenta y ocho horas antes de las elecciones municipales, entrevisté junto a mi compañero Serxio González a Modesto Pose en su casa de Cornazo. Lo primero que le pregunté es qué haría si perdía los comicios y el candidato del PSOE me replicó seguro y vehemente que el que se pensase que saldría huyendo es que no le conocía. Yo le creí, confieso. Y me equivoqué, admito. Porque dos días después de estrellarse contra el muro de la realidad, perder las elecciones, bajar de siete a cinco concejales y ver cómo el PP de Tomás Fole le arrebataba el gobierno de la ciudad, solo dos días después de eso, Modesto Pose huyó. Aplicó el donde dije digo, digo Diego y anunció que se esfumaba. Entre ser fiel a su palabra y a sus votantes o seguir en el Parlamento de Galicia como diputado y olvidarse del mal trago vilagarciano ha optado por lo segundo. Y me ha decepcionado, reconozco. Porque así no se hacen las cosas. Así no, Modesto. A no ser que quieras darle la razón a los que tanto te han criticado. Porque con sus actos, se la ha dado. Lo lógico era aguantar el chaparrón y quedarse como jefe de la oposición. Lo lógico, lo ético, lo elegante, lo valiente y lo correcto. Huir es de mal perdedor. Y el que no sabe perder jamás podrá ganar. La marcha de Pose se suma a la obligada de León, la natural de Dolores García y la de Carlos Guerrero, por enfermedad. Y habría que sumar las de muchos ediles, algunos de infausto recuerdo. La huida de Pose es la puntilla al PSOE vilagarciano. Alguien, desde las alturas de cemento, grita: «Os lo dije».