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a investigación de la operación Campeón, que finalizó con dos altos cargos del Igape detenidos, empezó, al parecer, a raíz de unas escuchas que la Agencia Tributaria realizaba por una operación de blanqueo relacionada con el narcotráfico en la ría de Arousa. Las intervenciones telefónicas destaparon el caso de las supuestas subvenciones irregulares y se hizo una separata que desembocó en lo que ya todos sabemos.
Algo parecido ocurrió con la imputación de dos jefes de servicio de Sogama también por unas presuntas irregularidades en la adjudicación de contratos. Fue a raíz de una denuncia de ecologistas por la muerte masiva de truchas en el río Lengüelle, en el año 2008, que se descubrieron esas supuestas irregularidades que ahora se investigan.
Lo ocurrido no deja de tener una lectura inquietante. Uno puede pararse a pensar en lo que policías y jueces pueden llegar a descubrir a través de las escuchas telefónicas, o en un nivel más de andar por casa, lo que podría salir a la luz no solo de responsables públicos sino también de cualquier hijo de vecino si somos espiados por un pinchazo telefónico o perseguidos por una cámara oculta.
Quizás por eso la sociedad se muestra sorprendentemente permisiva con delitos de ese tipo, que a veces no solo se castigan sino que hasta se premian en las urnas. Será que somos comprensivos porque, en el fondo, pensamos que nosotros también haríamos lo mismo.