Fernando

Xurxo Melchor E

AROUSA

entre mis defectos está el pensar muchas veces que ya lo he visto todo. Y cuando compruebas que no es así te da un subidón total. Imaginen un pequeño pueblo de la provincia de Toledo. La Calzada se llama. No es la primera vez que hablo de él. Imaginen a un cuarto de sus 800 habitantes conjurados para celebrar dos cumpleaños. El de Francisco (47) y el de Fernando (40). Dos amigos buenos. Dos buenos amigos. De los que se quedan a vivir dentro de ti casi desde el primer «hola». Imaginen una comida para setenta personas. Imaginen la logística con la que hay que contar para que todo salga como salió: perfecto. Imaginen que todo el pueblo guarda el secreto de la fiesta nocturna en honor de Fernando. Para hacerle pasar mejor el trago de la cuarentena. Imaginen un bar, el Luengo, lleno de gente llegada de todas partes. Madrid, Toledo, Galicia, Holanda, Alicante y más. Imaginen que decenas de personas grabaron vídeos de felicitaciones, algunos de una creatividad alucinante, para montar una película que proyectar para sorpresa del cumpleañero. Imaginen su cara. Sus lágrimas. Las nuestras. Imaginen toda esa emoción concentrada en tan poco espacio. Yo estaba allí. Imaginando lo buena gente que hay que ser para que te quieran así. Para que tanta gente te quiera así. Para que tantas personas buenas te quieran tanto. Yo lo que ya no imagino es mi vida sin ese pueblo. Sin Calzada. Sin toda esa gente buena. Sin su alegría. Sin su compañía. Sin Fernando. Sin su risa contagiosa. Imaginen la que se montará cuando haga 50.