«Ás veces rematan abrazados chorando, e eu con eles»

La Voz

AROUSA

Pablo Iglesias no lleva ese nombre por casualidad. Hijo de una familia isleña con amplio historial en la izquierda, fue militante del Partido Comunista y concurrió a las elecciones municipales por EU. No consiguió el acta de concejal, pero aún así tuvo una intensa actividad política valiéndose del reglamento de participación ciudadana.

Hace ocho años, cuando ya había dejado la política y también su actividad en el mar por un accidente laboral, se enteró de que quedaba vacante la plaza de juez de paz en A Illa. Se informó, le gustó y se presentó. «Xa vou polo terceiro mandato; levo oito anos e acabo de ser reelexido, e teño o orgullo de que me vota a corporación municipal por maioría absoluta».

Dos son sus principales reivindicaciones. Por una parte, como miembro de la Federación de Asociacións de Xuíces de Paz de Galicia, aboga porque se siga eligiendo, como antaño, a la persona más representativa y reconocida del municipio, porque para él, el juez de paz es «o home bo do pobo». Una idea con la que no todo el mundo está de acuerdo, porque por ejemplo Xesús María González, secretario del Juzgado de Paz de Vilanova, cree que el cargo debe recaer en un profesional experto en leyes.

En dependencias policiales

Su otra batalla es más pragmática. Sueña con un local propio para ejercer en A Illa. En la actualidad ocupa un pequeño habitáculo en las dependencias de la Policía Local. «E non é lóxico. Hai xente que é a primeira vez que tén que vir a un xulgado, e non me parece ben que teñan que entrar pola Policía».

Pablo Iglesias reconoce que su labor es peculiar porque también lo es el municipio en el que ejerce. «Na Illa, hoxe estamos rifando e mañá tomamos os viños xuntos». Por eso, pese a su ideología política, nunca tuvo problemas con nadie, y lleva con orgullo el alto índice de casos que se resolvieron sin llegar a juicio. «Hai só un 15% nos que non hai nada que facer, xa veñen moi cabreados e cos avogados». La vez que peor lo pasó fue cuando tuvo que multar a una mujer por haber insultado a otra, aún sabiendo que la denunciante había azuzado a la denunciada para que lo hiciese, grabando la escena con una cámara. Pero sobre todo, Pablo Iglesias tuvo satisfacciones, y recuerda con especial cariño a unos vecinos que se pelearon por un linde de fincas. «Obrigueilles a repetir a escea e remataron caéndolle as bágoas e abrazados, dous amigos de toda a vida que case se matan por mover dez centímetros un marco; xa lles dixen, pagade ao técnico para que vos mida o terreo. E acabaron como acaban moitas veces, abrazados chorando, e eu con eles».

Tan satisfecho está que asegura que tiene cuerda para rato, a pesar de que la remuneración es escasa, prácticamente simbólica. «Pero eu vin a este mundo para cultivar o meu espírito, e non para cultivar o bolsillo». Considera su labor como un servicio a la sociedad, incluso con una vertiente educativa. «Procuro facelos reflexionar, porque parte da nosa labor é humanizar o conflicto. E ata fago os xuízos públicos para educar á xente, e cada vez veñen máis. Somos a irmán pobre da xustiza, pero tamén o primeiro eslabón».