o estoy en contra de la energía nuclear. Algo que tiene un tan alto riesgo de sembrar muerte y enfermedad no es para mí una opción. Por supuesto que el mundo necesita energía. Somos yonkis de la electricidad. Y por eso existen estas centrales. Pero tras los accidentes de Mayak (Rusia) y Windscale (Reino Unido) en 1957, el de Three Mile Island (Estados Unidos) en 1979, el de Chernóbil (Ucrania) en 1986 y el que ahora tenemos entre manos en Fukushima (Japón) deberíamos replantearnos ciertas cosas. Para empezar, hay que ahorrar luz. No podemos seguir despilfarrando. Y lo hacemos. Un alcalde me dijo una vez tras un viaje a Alemania que en cualquier parroquia de su pueblo había más farolas que en muchas ciudades teutonas. Eso es lo que no puede ser. Para seguir, hay que investigar en energías limpias y renovables. Hay mucho campo en este sentido. Y si no se hace es porque la electricidad es un gran negocio que las grandes empresas no quieren dejar escapar. No quieren que el personal se lo monte por su cuenta con paneles solares, instalaciones geotérmicas o pequeños molinillos. Eso sería su fin. Quieren mantener un modelo que se basa en que ellos producen y nosotros consumimos. Por eso hay tan pocas subvenciones para que los particulares pongamos placas solares en nuestras casas. ¿Y se imaginan la de luz que generarían todos los tejados del mundo? Eso es lo que les da miedo a las eléctricas. Y por eso defienden la nuclear. Porque nadie puede poner una en su jardín.