n huevo es un embrión. El principio de algo que será. Tal vez. Todo lo que es fue en su momento un será. Un quizás. Una mera posibilidad. Un embrión. Con los problemas pasa lo mismo. Casi siempre, solo se ven cuando ya son. Porque nadie prestó atención al momento en el que se gestaron. A cuando surgió el embrión de lo que después nos rompería la cabeza. En Cambados hace años nadie hizo caso cuando desde la Policía Local se advertía de que la moda de un grupito de jóvenes de tirar huevos en el carnaval sería un problema. Este año, el embrión ha eclosionado. Lo que eran cosas de chiquillos son hoy cosas serias. 204 huevos incautados, tres pasamontañas y seis identificados a los que se multará. Tal vez. Con la justicia en este país nunca se sabe. Cambados ahora sí ve el problema. Lo ve y lo huele. Porque la lustrosa y bella villa está pintada a manchurrones hedientos. Cosida a grumos resecos. Asquerosos. Insalubres. El Concello está baldeando las calles, pero no consigue librarse de las manchas. Ni del olor. El problema es más difícil de erradicar cuando ya es que cuando es un mero será. Ahora toca echarle huevos. Tomar medidas. Ponerse serio. Multar y advertir. Para que a los graciosos de los pasamontañas se les corte el vacilón. Se les quiten las ganas de seguir confundiendo la diversión con el mero vandalismo. Algo bueno ha salido de esto. Los abueletes del asilo tienen ahora 204 huevos para hacer tortillas o comerlos fritos con patatas. Y mojar pan en un problema. Que no está al alcance de cualquiera.