La preocupación de los comerciantes está más que justificada, y sobre todo teniendo en cuenta que en los últimos tiempos se pasó del hurto y el robo al atraco a mano armada, lo que pone en peligro la integridad física de la persona que está detrás del mostrador.
Los primeros robos que alarmaron a los comerciantes de Vilagarcía fueron muy espectaculares. No hay más que recordar lo que ocurrió en el comercio Para Eles o en Titos, donde los ladrones se permitieron el lujo de aparcar una furgoneta delante de los establecimientos y desvalijarlos sin que nadie se diera cuenta.
Pero en ambos casos, el disgusto se lo llevó el comerciantes al día siguiente. Mientras se estaba cometiendo el robo, el dueño dormía a pierna suelta sin sospechar lo que ocurría en el comercio.
Ahora es distinto. Ahora es el comerciante o el empleado el que pone en peligro su vida, porque los cinco últimos robos que se registraron en la comarca fueron a mano armada y con intimidación.
El primero tuvo lugar el pasado sábado en un supermercado de Vilaxoán, en el que los atracadores entraron armados con un cuchillo con el que amenazaron a la dependienta para que les entregara el dinero. Tres días después, el martes, fue en la farmacia de Juan Carlos I, y en este caso el atracador, que actuó con la cara tapada, llevaba un arma que exhibió ante el mostrador, también para hacerse con el contenido de la caja registradora. Y tan solo unas horas después, el director de una sucursal bancaria de Pontecesures se vio sorprendido por un individuo que entró en la oficina, también encapuchado y con un arma en la mano, para llevarse de inmediato todo el dinero que pudo conseguir antes de emprender la huida. Y lo logró, a pesar de los controles policiales que la Guardia Civil puso en marcha por las carreteras de la comarca para detenerlo.
Ninguno de estos atracos, que se produjeron en tan solo cinco días, está todavía resuelto, al menos que se sepa oficialmente. Algunos quedaron grabados en las cámaras de seguridad de los establecimientos, pero como los individuos entraron cubiertos, resulta más difícil su identificación. Que sigan sueltos por la calle no hace sino aumentar la sensación de inseguridad que sienten los comerciantes.