ay días en los que me siento envuelto por la noche más profunda. Dicen que la mayor oscuridad precede siempre al amanecer. Que hay que tocar fondo para remontar el vuelo. Caer por mil abismos antes de poder levantarte. Todo pasa. Y de todo se aprende. Pero hay mañanas en las que busco a tientas el botón rojo que hay que apretar para empezar de nuevo. Sería fantástico que todo tuviese solución accionando un botón. Que la enfermedad cesase apretándolo. Que ya no hubiese ni dolor ni desesperación. Que los líos de la vida se desenrollasen. Que todo acabase para volver a comenzar. Que pudieras renovarte. A veces la gente te habla de tu vida como si existiese ese dichoso botón rojo. Como si pudieras levantarte, ducharte, lavarte los dientes, pulsar el botoncito y dar la espalda a todo lo que te hace daño. A todo lo que está irremediable e inexorablemente mal. Por desgracia, nada es así de fácil. El botón no está ni estará. El camino no será tan llano. Estará colmado de barros, sudores y fríos. Por eso no entiendo que quien tiene la solución a un solo golpe de botón no lo apriete. Que quien puede hacer luz en la oscuridad no le dé al pulsador. Yo lo haría. Si pudiese, le daría al botón y acabaría con lo que está mal. Aplacaría el peligro. No sé dónde estará ese botón que reconstruye vidas, pero sí sé que hay un pulsador que acaba con la tontería de que el puente de A Illa esté oscuro en la parte de Vilanova. Accionarlo es fácil. Tan solo hay que tener menos mala uva y más voluntad. Esperemos que lo encuentren.

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