uien no haya vivido una temporada en el infierno jamás podrá reconocer el cielo. Hay muchos infiernos. Cada uno tiene el suyo. Puede que varios en una vida. Yo soy de los que creo que el infierno es tener que hacer frente a las consecuencias de tus malos actos. De los errores que son como prevaricaciones. Esos que cometes sabiendo que te equivocas. No hay peor castigo que vivir cada día sabiendo que fallaste en un momento crucial de tu existencia. Que sabiendo que no hacías lo correcto, lo hiciste igual. Y cuando los hechos que ha provocado tu error te explotan frente a las narices y todo se vuelve del revés. Cuando parece que la vida se te da la vuelta. Que ya nada tiene sentido y que jamás lo tendrá. Que no eres capaz de asimilar tu propia existencia. Cuando todo eso te pasa, puedes decir que has atravesado los círculos del infierno. Lo mucho que bajes por ellos depende de tu capacidad para reponerte. Para volver a buscar el camino. Para enmendar los errores. Para aplacar y sanar sus consecuencias. Me pregunto qué tiene que pasar para que el Concello de Vilanova, la Xunta, Tráfico y Fomento dejen de jugar con las vidas de los conductores y peatones que cruzan el puente de A Illa. Nadie se hace responsable de que la mitad del viaducto que depende de Vilanova esté a oscuras. La Xunta dice que es cosa de Vilanova y Vilanova no dice nada, pero su alcalde, Gonzalo Durán (PP), no le da al botón de encendido. ¿Tendrá que haber un accidente para que todos recuperen la cordura? Ese sería su infierno.
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