David, el irlandés

AROUSA

01 feb 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

no tiende a imaginar las cosas por su cliché. Así, cuando hace ya algunos años le dije a unos amigos de Madrid que iríamos de copas a la taberna del irlandés de Vilagarcía ellos imaginaron un tipo aguerrido, banderas tricolores y brindis contra los británicos. A cambio encontraron a David. El único irlandés unionista que he conocido en mi vida. Pequeño y enclenque y sin saber una palabra de gaélico. Protestante acérrimo y que exhibía en su local una bandera de la pro británica Irlanda del Norte. Pero con una sonrisa pegadiza y esa forma de servir el Jameson. David se ha muerto. Y con él se ha ido todo un personaje. Hace no mucho me lo encontré en A Baldosa. Iba a tomar el sol. Me contó que tenía una enfermedad complicada. Cáncer. La palabra maldita. Él parecía tomárselo con filosofía. Su sonrisa seguía mostrando a un hombre feliz. Sus ojos decían lo contrario. Y yo siempre miro a los ojos. Hablaban de un hombre con miedo. Como todos. De una persona a la que le rondaba la tristeza. Que combatía día a día con la soledad. Con esa soledad terrible que te hiela porque solo la sientes cuando estás rodeado de personas. David, el irlandés, se ha muerto. Era joven. Pero todos lo somos cuando suenan las campanas de la muerte. No sé si vivió bien o mal. No sé si fue feliz. Imagino que a ratitos, como los demás. Lo que sí sé es que lo hizo como la canción de Sinatra -«My way»- con la que cada noche, cuando su taberna estaba abierta, cerraba el local. Vivió a su manera.

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