Carlos Berride

La Voz

AROUSA

arlos Berride y yo no éramos amigos. Yo ni siquiera le caía muy bien. Son los daños colaterales de esta profesión. Los riesgos de escribir lo que pasa y lo que uno opina sobre las cosas. El mejor recuerdo que yo tengo de Berride es de hace muchos años. De cuando yo acababa de llegar a Vilagarcía. De aquellos días en los que no siempre se comía y en los que rara vez se cenaba como Dios manda. Por falta de dinero, pero también de orden. Berride me invitó a su casa a cenar langostinos a la plancha. Fui con Manuel Villaronga, que siempre fue compañero y sin embargo amigo. Me supieron a gloria. Carlos Berride era ante todo una persona inteligente. Tenía un sentido de modernidad que ha dejado su huella en la Vilagarcía de hoy. En la que pisamos cada día. Y en la que pisarán nuestros hijos y nuestros nietos. Berride fue el artífice de que la capital arousana apostase por las peatonalizaciones que ahora nos parecen tan normales. La primera vez que pisé Vilagarcía, los coches pasaban por la plaza de Galicia, donde una bañera hortera que en realidad era una fuente decoraba, por así decirlo, la rotonda central. Hoy el panorama es radicalmente diferente. Simplemente mejor. Y en eso tuvo que ver y mucho Carlos Berride. Como lleva su sello la peatonalización de Castelao y las calles aledañas. Él quería que ese fuese su legado. Así lo dijo cuando se enteró de que sufría una grave enfermedad. Al PSOE le recomendó paciencia en estos tiempos de crisis. Yo, Carlos, prometo hacerme merecedor de tu amistad cuando nos reencontremos.

C