Guerrero

La Voz

AROUSA

ay abismos que no tienen fin. Que son más y más oscuros cuando ya creías que te tocaba volver a ver la luz. Que no tienen fondo. Hay caídas en las que te dejas la vida misma. En las que bajas a los más tenebrosos infiernos. A los que están en lo más profundo de ti mismo. A esos a los que si les echas un simple vistazo te hielan la sangre. Te la hacen piedra y te dejan seco. Te queman en frío por dentro. Hay dolores que no cesan. Que te suben recorriéndote en una espiral de terror sin nombres. La vida da miedo cuando se paraliza. Cuando ya lo único que sigue en movimiento es el dolor. Rodeándote. No sé qué revés psicológico ha podido hacer que Carlos Guerrero renuncie a ser el candidato del PSOE en Vilagarcía. Después de que la asamblea local le nombrase por unanimidad. Una vez que ya había dado el sí quiero. A solo cuatro meses de las elecciones. Sabiendo que condena a su partido a un agujero del que tardará en salir. A pesar de saber que tenía una valoración altísima en las encuestas y de que su espantada hará muy probablemente que el PP logre la alcaldía de la ciudad. Solo él sabe a ciencia cierta qué le ha pasado. El PSOE vive la peor de las pesadillas posibles. A la dimisión de Enrique León le siguió el fiasco de la alcaldesa y tras la renuncia de Dolores García a la reelección las machadas de Marcelino Abuín llevaron al partido a un límite que parecía insuperable. Pero no. Quien tenía que ser su salvador ha condenado al desierto a los socialistas vilagarcianos. La travesía será larga. Y muy dura.

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