Lo que peor llevo en esta vida es la humedad. Puedo con el frío y con el calor, pero no con la humedad. Ya haga frío o calor, empeora las cosas hasta el punto de crear un ambiente difícil de llevar. He vivido en casas frías, calentitas y también me ha tocado lidiar con una de esas viviendas húmedas en las que en cuanto que el verano dice adiós aparecen manchas en las paredes y sale moho hasta en las zapatillas de estar por casa. Recuerdo que cuando era niño y venía a Galicia meterse en cama en invierno era un suplicio. Las sábanas estaban mojadas y el frío se colaba por tu piel, se hincaba en tu carne y su punzada te llegaba hasta el hueso. Era horrible. Pero el mundo avanza. Hoy en día las casas están mejor hechas, las calefacciones funcionan mejor y hay inventos como las deshumidificadoras. El mundo avanza, aunque un poco menos cuando se trata del Concello de Vilagarcía, que lleva veinte años sin solucionar de una vez por todas los problemas de humedad en el pabellón municipal de Fontecarmoa. La situación ha empeorado ahora con la negativa del actual gobierno local de encender los cañones de calor, que algo hacen. El último partido hubo que suspenderlo por este motivo. Menudo bochorno. A algunos la humedad parece haberles afectado a la sesera.