El Escorial del desarrollismo arousano

Pablo Penedo Vázquez
Pablo Penedo VILAGARCÍA/LA VOZ.

AROUSA

Tres décadas necesitó el promotor para concluir la obra que domina el corazón de Vilagarcía, en parte por problemas de titularidad que llegan hasta hoy en un edificio aún a medio vender

28 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El paso de los años acaba convirtiendo a los edificios en uno de los principales documentos de la historia de cualquier pueblo. A cualquier vilagarciano cuarentón, el levantamiento del edificio Lara le sirve hoy de inmejorable relato para quien desee escuchar un resumen de la evolución urbana de la capital arousana en píldora concentrada.

Tres décadas necesitó el promotor José Arca López para completar una de sus más ambiciosas iniciativas, concluída en la primavera del año 2004. Una construcción de dos sótanos y doce plantas que el 28 de agosto de 1974 recibía la pertinente licencia del Concello de Vilagarcía en la entonces Plaza de Calvo Sotelo, hoy de Galicia. Hotel Residencial Lara S.A., propiedad de José Arca, era el titular de un permiso que autorizaba el levantamiento de un inmueble de uso mixto para actividad hotelera y viviendas particulares. Eran los años del desarrollismo en España, que primaba la expansión del ladrillo por encima de un ordenamiento racional de las tramas urbanas, con límites como los que en Vilagarcía se impusieron en 1986 con un PXOM en el que seis se convertía en el número excepcional de alturas permitidas.

El problema es que tras colocar el esqueleto del edificio llegó un parón que se prolongó varios lustros, derivado de una mezcla de obstáculos en materia de titularidad de la propiedad y de financiación, que convirtió el Lara en postal negra de la fachada de Vilagarcía. Una tara que acabó traspasando el universo de la estética para elevarse en el verano del 2000 a «un problema sanitario y de seguridad para los ciudadanos», en palabras del entonces alcalde vilagarciano, Javier Gago.

Hubo que aguardar a los años 90 para que el Concello comenzase a tomar en serio el asunto y se pusiese a trabajar en una solución.

En su primer mandato municipal, el socialista Javier Gago demostró ya su voluntad de resolver el problema. Un interés que se plasmó en una actitud permanente de mano abierta tanto hacia Arca como hacia el resto de los cotitulares de un inmueble cuya propiedad se fue fraccionando con los años hasta formar una compleja madeja.

Tras conceder en Ravella un cambio de usos con la finalidad de dedicar el edificio íntegramente a oficinas y viviendas descartando el uso hotelero -el promotor había perdido interés en este campo tras la apertura del Hotel Pazo Rial-, reunir 500 millones de las antiguas pesetas (3 millones de euros) parecía convertirse en el mayor escollo para que Arca cumpliese con su parte.

Cansado de esperar noticias de Hotel Residencia Lara, Gago notificó al promotor en septiembre de 1996 la paralización de las obras por el incumplimiento del convenio suscrito con el Concello. Pero no tardaría en tender nuevamente la mano, y en diciembre de ese mismo año desde Ravella se le dieron otros 21 meses más a José Arca para acabar lo que había comenzado en 1974. Como muestra de buena voluntad, este último ingresó 6 millones de pesetas en las arcas municipales para la compra de nuevas farolas para la Calle Castelao y adyacentes.

El nuevo plazo tampoco se cumple, y Gago acude entonces a la amenaza de la apertura de un expediente de caducidad de la licencia en octubre de 1999. Su mayor logro, reunir por primera vez, en agosto del 2000, a todos los copropietarios del inmueble. Y es que además de Arca, el BBV y el Banco Pastor eran dueños de sendos bajos, en la única planta con actividad años ha, apareciendo en el encuentro auspiciado por el regidor también varios particulares. Se les dio entonces 18 meses más, con la condición de retomar los trabajos antes de acabar el 2000. Nada. El 19 de enero del 2001, por decreto de la alcaldía, se incoaba un expediente de caducidad de la licencia, que si bien no ponía necesariamente en peligro la totalidad de la edificación, sí sus seis últimas plantas, al no tener cabida en el PXOM vigente y permanecer a salvo tan solo por la continuidad de la licencia original, supeditada a la normativa urbanística de 1974.

Julio Mondragón, propietario del Pazo do Rial y del Hotel Castelao, trató sin suerte de adquirirle a Arca su parte del Edificio Lara. Un porcentaje que, descubrió, se elevaba en abril del 2001 al menos al 70 por ciento.

En enero del 2002, este último logró culminar la gestión que, a la postre, permitiría la conclusión definitiva de la construcción en la primavera del 2004. El BBVA se comprometía a financiar los 3 millones de euros necesarios para acabar el Escorial del desarrollismo arousano. Y el gobierno local, que seguía encabezado por Gago, volvió a decir que sí a la petición de Arca de una nueva prórroga. Esta vez, de 22 meses, con diciembre del 2003 como tope y cinco requisitos exigidos desde Ravella, entre los que destacaba la presentación de un aval bancario de 300.506,05 euros, el 10 por ciento del coste de las obras de remate. El promotor se manifestaba entonces satisfecho, y anunciaba que los trabajos se limitarían al acabado y reforzamiento de la construcción, desvelando un reciente informe técnico que avalaría que «en la estructura no existe una sola fisura tras 28 años».

Aún sería necesaria una última prórroga, hasta mayo del 2004, pero ni el embargo temporal de la licencia de obra por el juez Taín a raíz de una antigua deuda de la promotora con José Luis Orbáiz, uno de los muchos problemas que habían paralizado el Lara, evitó su final.

Hubo que aguardar al 2006 para que las viviendas recibieran la licencia de conexión con los servicios municipales, indispensables para poder ser habitadas. Con la constitución de la comunidad de vecinos todavía a vueltas, aún hoy siguen los problemas de titularidad, con Arca reclamando en el juzgado la propiedad de la tercera planta y los dos sótanos, cuya venta y ocupación siguen hoy por ello paralizadas.