Los socios del Liceo Casino de Vilagarcía, los mismos que hace unos años soñaban con crear un gran complejo social en Os Picoutos y más tarde gestionar un moderno puerto deportivo, hicieron el viernes un ejercicio de humildad y realismo y rebajaron sus pretensiones conformándose con un proyecto más modesto. Y ni eran descabellados aquellos sueños de entonces ni incomprensible la decisión tomada ahora. Necesidad obliga, y necesidad es lo que sobra en estos tiempos que hace cuatro años ni nos imaginábamos. Hace cuatro años, cuando se empezó a gestar en Alfageme una operación que olía a pelotazo inmobiliario y que ahora desembocó en lo que ya caía de cajón, el cierre de las cuatro conserveras gallegas para dejar libres unos solares muy apetitosos en los años locos del bum urbanístico. Pero quizás también entonces los promotores de aquella iniciativa, como los socios del Liceo Casino, hicieron castillos en el aire, y ahora cabe preguntarse si no les habría sido más rentable seguir con la actividad conservera que soñar con un sinfín de bloques de apartamentos que haber quién construye y quién compra. Y lo peor es que no sabemos cuántos otros castillos hechos en el aire quedan por caer, ni cuántos cadáveres se llevarán por delante.