No soy celoso. Aunque lo he sido. A veces. Cuando he sido irracional. Y lo he sido. Porque los celos son irracionales. Cuando se ama se puede perder la razón. Se puede ver blanco lo que es negro. Luz donde solo hay oscuridad. Se puede ver el norte donde está el sur. Y es entonces cuando aparecen los celos. Y son malos. Muy malos. Te consumen por dentro. Te queman. Te susurran maldades al oído. Te confunden. Y acabas haciendo tonterías. Comportándote como un perfecto imbécil. Los celos no son solo patrimonio del amor. Surgen cuando se teme perder algo o a alguien que se quiere mucho. Algo que se desea más allá de todo entendimiento. Dicen que es eso lo que le pasa al alcalde de O Grove, José Antonio Cacabelos (PSOE). Dicen que tiene unos celos terribles del concejal Fredi Bea (PG), socio de su gobierno. Celos de lo bien que lo ha hecho Fredi en sus áreas de gobierno. Y lo ha hecho bien. Celos de lo bien que ha sabido conectar con los ciudadanos. Celos de lo mucho que luce el esfuerzo del edil. Y eso es por dos cosas. La primera porque Bea trabaja mucho. Y la segunda porque lo hace con humildad y sabe comunicar. Sabe contar lo que hace, cómo lo hace y por qué lo hace. ¿Dimitirá Fredi? No sé, pero yo le veo gobernando con el PP en nada.