En estos tiempos de crisis, no la tan mentada económica, sino de la decadencia de los valores sobre los que construimos una Europa devastada por la más terrible de las guerras, la política y las ideas han caído degolladas por palabras importadas de lugares donde la solidaridad y la justicia social son conceptos que se tachan de rancios. Hoy unos pocos han convencido a muchos de que la política es solo gestión. Pero esos pocos también han logrado que cada vez haya menos cosas públicas que gestionar. Así que la política ya ni piensa ni gestiona. Y lo que es peor, ya ni tan siquiera sueña con construir ladrillo a ladrillo un mundo mejor. Esos pocos han hecho que veamos bien que todo se privatice, que todo sea negocio. Que no haya forma de escapar de las empresas que nos sangran por hacer uso de nuestros derechos. Nos acribillan en las gasolineras, en las autopistas, cuando encendemos la luz, cuando se enciende el gas, cuando hablamos por teléfono, cuando usamos Internet y hasta cuando aparcamos. Pronto nos cobrarán por respirar. Si gestión es convertir una zona pública y gratuita de aparcamiento como la de Fexdega en un aparcamiento de pago que solo será negocio para una empresa privada vamos fatal. Eso no es gestión. Ni socialismo.