Lleva toda su vida laboral, casi dos décadas, trabajando como camarera. Durante los últimos cuatro años, Lucía Ramos ejerce esta profesión en un restaurante de la ciudad ribeirense.
-¿Es tan duro como dicen esto de la hostelería?
-Lo que peor se lleva en la hostelería son los horarios de trabajo. Los camareros tenemos que currar mientras el resto de la gente está de copas.
-¿Es complicado entonces encontrar personas que quieran dedicarse a este sector?
-Camareros buenos, sí. Hay mucha gente que está interesada en trabajar unas horas al día, pero hacer el horario completo, no. Lo de tener que estar con la bandeja los fines de semana y por la noche es lo que menos gusta. En hostelería hay que estar al pie del cañón en fines de semana, festivos y puentes.
-¿La cafetera también ha notado la crisis?
-Algo ha influido. Había gente que tomaba un par de cafés por la mañana y ahora toma uno, e incluso grupos que pedían un par de rondas y ahora no lo hacen. Alguna repercusión sí que ha tenido, pero donde más se ha notado es en el restaurante.
-¿Los clientes van entonces a los platos más baratos?
-En el restaurante, el bajón fue tremendo. Ahora la clientela se fija mucho más en los precios y si venían dos o tres veces por semana, ahora comen fuera una.