Positivismo

AROUSA

Me tachan de negativo. De ver siempre el lado oscuro de la vida. Yo prefiero pensar que solo soy un tipo preocupado por no encontrar el sentido de la vida. Si es que lo tiene. Pero he decidido claudicar. Me rindo. He abrazado el positivismo. Bueno, estoy en ello. Ser positivo es difícil. Al menos lo es para mí. Así que no voy a intentar mudarme a la calle de la tarta de fresa, en el país de la piruleta. Más bien trato de disfrutar de todo lo que me pasa. De lo bueno y de lo malo. Porque la verdad es que para sentirse plenamente vivo, para intentar comprender qué hacemos aquí y por qué nos pasan las cosas que nos pasan no solo necesitamos ganar, disfrutar y divertirnos. La vida, la que es plena, también es derrota, amargura y aburrimiento. No todo es maravilloso. Pero tampoco hace falta. Hay que aprovechar los momentos buenos, los que son fáciles de llevar, y apretar los dientes cuando vienen mal dadas, cuando llega con sobrellevar el día a día. Esta es mi forma de ser positivo. Igual a los sonrientes perpetuos y a los que son la alegría del barrio no les parece suficiente, pero es todo lo que puedo hacer. Porque una cosa es ser positivo. Y hasta yo veo las ventajas que tiene adormecerse en los brazos de la alegría. Y otra cosa es ser idiota. Y eso ya no.