El tráfico y los restos del botellón fueron las únicas notas negativas de un día consagrado a la diversión
17 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Las calles de Vilagarcía se inundaron ayer de gente dispuesta a disfrutar de una de las fiestas más grandes de Galicia. Según los datos facilitados por la Policía Local, alrededor de 15.000 personas, procedentes de los municipios vecinos y de otras partes de Galicia, España y países como Portugal se desplazaron ayer a la capital arousana para disfrutar un año más de la Festa da Auga.
La cifra es inferior a la del año pasado, pues en la anterior edición fueron 6.000 personas más las que no dudaron en mojarse bajo el grito de «¡Aquí no llega!» o «¡Ese cubo!». Sin duda, este descenso tiene mucho que ver con que este año la fiesta haya caído en lunes y el año pasado fuera domingo.
A pesar de esta menor afluencia, las calles de Vilagarcía estaban abarrotadas de coches, por lo que a muchos se les hizo casi imposible encontrar un hueco libre en el que dejar el coche. Carril, Renza, Guillán o Cornazo fueron su último recurso para aparcar, pese a la distancia que separa estos puntos del lugar donde se celebraba la fiesta.
Aquellos que ya prevenían este tipo de incidentes decidieron no arriesgarse a no tener sitio y prefirieron utilizar el servicio de taxis para desplazarse a la cita. Pues, según algunos de los taxistas consultados, ayer se realizaron muchas carreras a las localidades de los alrededores para recoger a los clientes y llevarlos a Vilagarcía.
Los actos comenzaron, oficialmente, a las 11.45 horas, momento en el que para muchos aún no había terminado la noche. La procesión del santo protagonista de la jornada, San Roque, empezó en la plaza de España con alegría y algunos tímidos cubos de agua tras el paso. Al poco de empezar, la cadena de gente que rodeaba a la imagen se rompió y los empujones y pisotones se pusieron a la orden del día.
Después de pasar por la calle San Roque y de que el santo hiciese entrada en su capilla, los tímidos cubos se convirtieron en litros y litros de agua que caían a raudales procedentes de los balcones de los edificios de la zona húmeda. Mangueras, globos o pistolas de agua, todo valía para cazar a aquel que todavía no estuviese mojado.
Una vez leído el pregón, la euforia terminó de dispararse y la fiesta se desplazó a la plaza de Galicia, donde un camión de bomberos esperaba a todos los asistentes para terminar de empaparles. Otras calles del corazón de la zona húmeda también fueron puntos de encuentro para los que todavía resistían la mojadura, pues en ellas, más camiones de bomberos y unas plataformas con manguera arrojaban agua a todo aquel que se aproximaba.
Incidentes
Como era de esperar en estas situaciones, las unidades de emergencia tuvieron una dura jornada. El 112 informó de varios casos de intoxicación etílica y de la pérdida de una niña de cinco años de edad, que después fue devuelta a sus padres. Para evitar este tipo de problemas, algunos padres decidieron hacer camisetas para sus hijos en las cuales se podía leer el nombre del niño y un teléfono de contacto para usar en caso de que este se perdiera por alguna razón.
En total, el PAC del ambulatorio recibió desde el domingo y hasta ayer a mediodía un total de 213 pacientes que acudían por distintas causas, no todas ellas relacionadas con la fiesta. A pesar de todo, no ha habido ninguna incidencia de relevancia.
La Festa da Auga se despide este año de un modo más tranquilo que en ediciones anteriores. Ahora ya ha comenzado la cuenta atrás para la edición del próximo año. Para entonces, Vilagarcía volverá a mojarse teniendo a San Roque como maestro de ceremonias.