Nuevos aires para Mar de Carril

Begoña Paso redac.arousa@lavoz.es

AROUSA

El jueves por la noche sucedió una de esas pequeñas grandes cosas que a una le aportan confianza en el futuro. Hace ya algunos años que Mar de Carril trata de abrirse paso en el siempre complicado mundo de la conserva gallega. Aquí no se trata de pelear por meter más mejillones que nadie en una lata. Ni de confundir al personal jugando al gato y al ratón con el verdadero origen del producto. El objetivo es trabajar con el mejor género que los mares y rías de Galicia pueden ofrecer en cada momento. Este es el espíritu con el que Joaquín Briones y Francisco Rodríguez emprendieron una aventura empresarial que ahora goza, por fin, de un magnífico escaparate en el que lucirse, una particular mansión en la que el trabajo y la degustación se combinan con acierto.

Las instalaciones de Mar de Carril están, desde su inauguración del jueves, donde corresponde, en Carril. En la avenida Rosalía de Castro, la arteria que comunica el núcleo carrilexo con el centro de Vilagarcía, muy cerca del desvío que conduce al instituto, como preludio a los grandes restaurantes. La conserva bien entendida es un manjar. La de la firma vilagarciana la conocen perfectamente en lugares tan distantes como la Baja Normandía, pues no en vano formó parte de aquella embajada que se cerró con varios acuerdos comerciales. El apetito con el que los normandos atacaron los excelentes mejillones, las sabrosas navajas, las delicadas ventrescas de atún y, sobre todo, porque es una debilidad personal, el exquisito caviar de erizo, que combinado en un revuelto resulta espectacular, despejó cualquier duda. La casa está abierta. Nuevos aires para Mar de Carril tras una presentación para chuparse los dedos.