Amar es quizás la cualidad más humana que tenemos. Se ama sin saber por qué. De una manera irracional. Pero, en lo más profundo del alma, se sabe por qué se quiere a los demás. El amor es lo mejor que te puede pasar en la vida. Y también lo peor. Es lo que más felicidad te puede dar en la vida. Y también lo que puede hacerte sentir más tristeza. El amor es puro. Sentimiento al cien por cien. Es una herida abierta. Una llaga por la que supuras y te desangras. Por la que vives. La vida no es vida sin el amor. Es cómo una comida sin sal. Como un caramelo que no sabe a dulce. Se ama a la familia, a los amigos, a las personas que te quieren y te rodean. A las que te escuchan y se preocupan. Pero el amor puro es el de la mujer o el hombre que encuentras en el camino de la vida y decide seguirte. Por más angosto y tortuoso que sea el sendero, esa persona te acompaña y te apoya. Te ayuda. El amor es inexplicable y a la vez se puede explicar con mil y una razones. El amor es una mirada tras una carcajada en una noche de verano. Es una pasión desatada. Es un zumo de naranja después de la ducha matutina. El amor es realmente lo único por lo que merece la pena vivir, porque es lo único que te hace estar vivo. Amar es el verbo más hermoso. El principio y el fin. El infinito.