Una botella, ocho euros, poder vivirlo sí que no tiene precio

Peñas, vikingos, turistas y cambadeses comparten espacio y brindis esta semana


vilagarcía/la voz.

Vivir el Albariño es mucho más que degustar las exquisiteces de estos vinos. Se trata de algo casi intangible, algo que solo los cambadeses, o los que ya lo han probado, pueden explicar. Algunos buscan simplemente pasárselo bien. Otros, educar el olfato y el gusto para saber discernir los rasgos afrutados o el sabor a envejecido y convertirse en sabios amantes de este oro líquido.

En las primeras horas de la fiesta de este año se han podido ver ya los retazos de lo que va a ser la edición 2010. Saltándose incluso el protocolo, algunos integrantes de peñas degustaron algunos caldos de la añada 2009, la que se saborea esta semana.

Dos de las agrupaciones con más solera en Cambados, Unha Grande Chea y Chegar e Encher, cumplen cumplen 25 y 20 años respectivamente. Ayer ya había representantes desde las primeras horas. Convenientemente identificados con sus camisetas conmemorativas, habían pedido tener un reconocimiento institucional, aunque todo apunta a que habrá que esperar a nuevas efemérides.

Lo que sí hubo fueron muchos y muy variados brindis. Los más mayores del lugar hacen comparaciones con los recuerdos vivos de ediciones ya pasadas. Ni mejores ni peores, simplemente diferentes, porque el Albariño es una fiesta que se reinventa año tras año. Y por si esto fuera poco, ya hay «fichajes» nuevos. Bebés de escasos meses de experiencia se han visto inmersos en estas lides. No hay que alterarse, este será el primero de una larga lista de eventos.

Para todos, la botella cuesta 8 euros, el vaso se despacha a 1,5 y el «catavinos», a 2 euros. Y como dice el slogan, hay cosas que no tienen precio...

Músicas y vikingos

El calendario marca que cuando se apagan las luces del Albariño se encienden las de la Romaría Vikinga de Catoira. Eso será el domingo. Aún falta mucho. De momento, los que serán protagonistas en el desembarco están haciendo campaña de captación de seguidores. Ayer mismo, se les dio por entremezclarse entre los catadores del albariño, y en su ímpetu llegaron a raptar al mismo alcalde de Cambados, Luis Aragunde. Obviamente el tono fue jocoso y siempre imperó el sentido del humor. Y es que ya se sabe que a los vikingos hay que consentirle casi todo, que tienen muy mal pronto.

Y entre acordes de gaita y ritmos de pandereta se empezaron a escribir estas primeras líneas. La plaza del Concello fue el primer lugar donde se concentraron los protagonistas. A medida que fueron avanzando las manecillas del reloj, la gente se fue dispersando, alguno se permitió el lujo de dormir una reparadora siesta para tener más aguante ante el examen de la noche, y ahí es donde Fefiñáns se transformó.

Abrir el cartel de conciertos de una cita de este calibre es tan ilusionante como exigente. El honor recayó en Undertown, Noise Project y los cabeza de cartel, Love of Lesbian. Había muchas ganas de volver a escucharlos en directo. El escenario dispuesto cumplió con el objetivo. La sed de conciertos no se apaga ni con otras citas similares ni con vino blanco.

Los responsables del evento han querido tocar todos los palos, ofrecer una programación que se acuerde de todos los gustos y que Fefiñáns se convierta en un auténtico arsenal de músicas diferentes. Son muchos a los que hay que contentar y muchos los que van a poner nota. De momento hay margen, pero el listón, hay que recordarlo, está realmente alto. Eso sí, ante todo y sobre todo, ¡Salud!

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