Una persona a quien se achacan todas las culpas para eximir a otras es un cabeza de turco. Y, en mi humilde opinión, eso es exactamente lo que le ha pasado a la funcionaria del Concello de O Grove a la que le han endosado todas las culpas del caso de los falsos voluntarios reclutados en el Ayuntamiento meco para completar las listas del PP en el País Vasco en las últimas elecciones municipales. Es cierto que un informe pericial ha determinado que los formularios fueron falsificados por esta empleada, Jesusa Otero Magdalena. Todo apunta a que fue ella la que cubrió los documentos e incluso los firmó sin que sus compañeros de Protección Civil supieran que iban a ser candidatos por el PP en Euskadi. Demos eso por bueno. Pero la pregunta es por qué esta chica se iba a meter en ese jardín ella solita. A mí me resulta del todo increíble que una empleada municipal actuase de motu propio en un asunto de esta índole. ¿Cuál era su móvil, su motivación? Si era quedar bien con el jefe, el ex alcalde Miguel Pérez, lo más lógico es que al menos se lo vendiese. Que le informase. Eso como mínimo, dando ya por bueno que no fuese él el que le dio la orden o le incitó a hacerlo. A mí esta chica me da pena. Cargará con una culpa que no creo que sea suya.