Pescar con dinamita es cómo matar moscas a cañonazos. Muere todo lo que tocas, sea sardina o cualquier otro bicho. Y mucho de lo que muere se queda en el fondo del mar. Pudriéndose. La gente del mar en Galicia tiene fama de pirata. De depredadora. De no pensar jamás en el mañana. Solo en el hoy. En el ahora. En la venta de ese día en la lonja. La mayoría de los pescadores o de los mariscadores no son así. Pero los pocos que sí lo son dan una imagen pésima de un sector que requiere aún mucho más control y organización. Un agricultor tiene que prever. Preparar la tierra, sembrar, cuidar el cultivo y recoger la cosecha. Es un proceso que necesita previsión y paciencia. Los marineros llevan demasiado tiempo acostumbrados a salir al mar y coger todo lo que puedan. Sin previsión, sin cuidar de nada. Es la diferencia entre cultivar y depredar. Hoy en día, el mar también necesita previsión para evitar su colapso. Precisa de vedas, de tallas mínimas, de artes respetuosas, de redes que liberen a los alevines. Hoy en día, hacen falta agricultores del mar. Los que no lo entiendan. Los que sigan depredando. Los que dinamiten un ecosistema vital y del que viven miles de familias. Esos. No merecen nada. Solo todo el peso de la ley y nuestro desprecio.