Antiguamente, cuando un futbolista se lesionaba lo adelantaban a la delantera para que no molestara en defensa con la esperanza de que aprovechara algún balón suelto y lo enviara a la red. Raúl protagonizó un gol del cojo hace escasas semanas).
Sucedió hace doce años, el 30 de mayo hará doce, y fue en el pabellón de Fontecarmoa. Sobre una pista de goma y con mucho menos público del que a partir de hoy vibrará con el Extrugasa porque de aquella el Cortegada, entonces Mexillón de Galicia, estaba mucho menos acompañado desde la grada.
Las vilagarcianas llegaban a la cita con el ánimo por los suelos y el físico destrozado. Era el quinto partido en cinco días para una plantilla compuesta únicamente por siete jugadoras, que trampeaba los entrenamientos con el delegado y algún amigo más vestidos de corto para poder juntar a diez integrantes sobre la pista. El día anterior, el Universitari de Silvia Morales y Sandra Peña parecía haber destrozado los sueños de ese grupo que solo había perdido tres partidos durante la temporada y que se aferraba a su fortín del instituto de Carril como el camino más seguro hacia la máxima categoría.
Las cosas pintaban mal. No había fisioterapeuta (creo recordar que una peluquera hizo lo que pudo en los domicilios de las jugadoras) y Siña, la cabeza y el corazón de aquel equipo, llegaba con el depósito en la reserva. Tan en la reserva, que jugó coja (la rotura de fibras de Xavi comparado con aquello es una coña marinera).
Como en las mejores películas hubo que remontar. Hasta trece puntos en la segunda parte. Y a falta de diez segundos, uno por abajo, Hubo canasta, y Siña, la coja, robó un balón. El BALÓN. Falta, dos tiros libres anotados y ascenso. Con un par.