Me preocupa el retroceso enorme que está sufriendo la calidad de la sanidad pública. En Galicia y en general en toda España. El modelo que se ha implantado en Madrid y Valencia es en esencia el de privatizar todo lo privatizable en un hospital, que es todo menos los médicos y las enfermeras. Pero el edificio y todas las contratas están en manos de empresas que hacen negocio. La cafetería, el restaurante, el servicio de limpieza, el mantenimiento, el quiosco y todo lo que no lleve bata blanca está en manos privadas que hacen un buen negocio. Hasta el edificio, por el que la Administración debe pagar un canon durante años a la empresa que lo ha construido. Todo para que la deuda de la comunidad autónoma de turno no se eleve. Esto es lo que puede pasar en Galicia con los nuevos hospitales de Vigo y Pontevedra. Y si abrimos la puerta a este modelo no debería sorprendernos que ocurran otras cosas, como que las listas de espera crezcan y crezcan, que cada vez haya menos médicos en los ambulatorios o, como va a ocurrir ahora en el hospital de O Salnés, que las guardias de radiología se compartan con otros centros y dejen de ser presenciales. Todo esto pasa porque lo que estamos poniendo en cuestión es el modelo. Y eso es peligroso.