Suelo decirme a mí mismo que nada ocurre porque sí. Que todo tiene un sentido. Que todo guarda una razón. Hasta los golpes más duros que nos atiza la vida. Pero a veces cuesta mucho verle el sentido a según que cosas. Una chica de Vilagarcía de 29 años da a luz a su bebé y a los pocos días fallece víctima de una misteriosa infección que le provoca un fallo multiorgánico. El mantra este que me repito cuando ocurre algo doloroso e incomprensible para encontrarle sentido al sufrimiento me suena absurdo y hasta hiriente cuando le das el pésame al padre y a la hermana de la mujer, a los que conozco y aprecio. A veces parece que nada tiene realmente sentido. Te pasas la vida en busca de certezas. Con la necesidad de sentir que pisas en firme. Que tus pasos tienen una dirección. Que sabes lo que quieres y cómo lograrlo. Te pasas la vida haciendo planes. Pensando en el futuro. Imaginando cómo será todo cuando haya pasado lo que querías que pasase. Cuando las cosas estuviesen en el sitio en el que querías verlas. Cuando hayas logrado las metas que te habías propuesto. Pero la realidad es que no hay certezas. Ni seguridades. La única verdad es que somos un soplo de aire en medio de la tormenta y que lo que mejor podemos hacer es dejarnos llevar. Simplemente eso.