Mucha gente animó a Saavedra a pelear por la presidencia, pero muy poca parece dispuesta a echarle una mano desde la directiva
07 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Que los toros se ven mejor desde la barrera constituye, por desgracia, un principio indiscutible de la vida en sociedad, que los chavales interiorizan desde su más tierna infancia. Los ejemplos abundan, en los ámbitos más variados. En Vilagarcía, mientras nadie demuestre lo contrario, el axioma parece presto a encarnarse en el seno del mismísimo Liceo Casino. Hace ahora un par de semanas, un movimiento imparable comenzó a fraguarse en torno a la candidatura que Alfonso Saavedra enfrentó a Álvaro Paz con la presidencia de la entidad en juego. La verdad es que, hasta última hora, poca gente esperaba que fraguase esa opción alternativa. Sus propios promotores se las vieron y se las desearon para dar con la persona a la que confiar la pugna electoral con Paz y su equipo. Hasta que dieron con el popular comerciante, que aceptó el reto y lo hizo propio. El resto es bien conocido. Siete días de campaña no exenta de polémica, una asamblea como no se recordaba desde hace años y victoria del aspirante por treinta votos.
El triunfo está bien y se celebra, pero la resaca no perdona al día siguiente. Los plazos son los plazos, y la dinámica en la que está inmerso el Liceo no da margen a ninguna pérdida de tiempo. Lo sabe bien el nuevo presidente, que el jueves tuvo que presentar en la Autoridad Portuaria un proyecto de puerto deportivo que no comparte y le suscita enormes dudas. De no hacerlo, la entidad hubiese visto comprometidos los avales económicos y toda una serie de inversiones que, según fuentes acreditadas, pueden rozar el millón de euros. Lo más difícil, con todo, está siendo el parto de una nueva directiva, que no acaba de cuajar. Mucha gente animó a Saavedra a presentar sus credenciales y pelear por la presidencia. Él hizo su parte del trabajo. Muy poca, en cambio, parece dispuesta ahora a comprometerse y echarle una mano asumiendo un cargo al frente de la sociedad.
Esta falta de compromiso puede resultar fatal para la estabilidad del Liceo en el peor de los momentos, cuando sus socios deben decidir si llevan adelante la construcción de su nueva sede y la explotación de las instalaciones náuticas, con todas sus consecuencias, o si por el contrario dan marcha atrás, buscan un nuevo modelo y renuncian - de no alcanzar un acuerdo con la Autoridad Portuaria e Incat, la ingeniería a la que la entidad se ha vinculado en una unión temporal de empresas- a las inversiones ya comprometidas.
Tres posibles incorporaciones
Por ahora, el único que ha dado un paso al frente para acompañar a Saavedra en su difícil cometido es Fernando García Giméne z. El abogado vilagarciano, hermano de la alcaldesa, es el nuevo secretario del Liceo Casino. Un cargo cuya cobertura resultaba imprescindible para que la entidad pudiese llevar a cabo cualquier gestión. Para empezar, la presentación del proyecto definitivo sobre el puerto deportivo. Dicen, quienes frecuentan el ambiente liceísta, que hay al menos otras tres personas que están dispuestas a incorporarse a la nueva directiva. Se trataría de un joven economista, un reconocido profesional liberal de la ciudad y un hombre muy activo en el movimiento asociacionista del municipio. Todavía no han dado el sí, pero la cosa, aseguran, está encauzada. Su presencia, desde luego, no estará en absoluto de más a la hora de definir el rumbo de la sociedad.
Entretanto, hay quien insiste en interpretar lo sucedido en la asamblea en clave política. Afirman, quienes así piensan, que la victoria de Saavedra viene auspiciada por el PSOE. En realidad, las cosas son, a la vez, un poco más simples y un tanto más complicadas. No ha sido un movimiento político, sino el rechazo hacia la figura de Álvaro Paz de varias de las familias del vilagarcianismo de siempre, lo que ha propiciado el cambio en la presidencia. No se trata, necesariamente, de gente conservadora. De hecho, muchos de ellos profesan ideas progresistas. Pero de ahí a vincularlos con la directrices del PSdeG hay mucho trecho. Para empezar, porque la candidatura ganadora contó con respaldo socialista, sí, pero un sector muy influyente del PSOE apoyó también a Paz y a su equipo. En el fondo, lo que está en juego es la respuesta a la gran pregunta que desde hace años acucia al liceísmo: ¿tiene algún futuro el Liceo Casino?