Ayer tuvo lugar el último acto del carnaval. Y, como mandan los cánones de estas fiestas tan ácratas, fue un acto nada oficial. Alejado de concejalías y concellos de turno. Fue la laconada en la Taberna de Moe's, en Vilagarcía. Una papatoria de las que no se salta un torero con invitados habituales en las comidas de este emblemático establecimiento. Allí estuvieron Emilio el de los seguros, Quimé el del estanco, Mastín el de la casa de la cultura, Pedro el de La Goleta, Pachi el de Madeco o Manuel el joyero. El plantel lo completaban varios periodistas, como Antonio Garrido, Suso Piñeiro o Mónica Irago -además de un servidor- y, por supuesto, los jefes del bar: Gúmer y Pepa.
El menú estuvo única y exclusivamente compuesto por lacón, grelos, chorizos y patatas. Un lujazo, vaya. La cocinera fue, una vez más, la madre de Gúmer y, una vez más, sus manos edificaron un plato exquisito que nada más ser probado por los exigentes comensales se mereció un gran brindis.
Y como toda buena comida que se precie, la velada concluyó con unos buenos cafés, copas de brandi y crema de orujo, y los puros que trajo el bueno de Quimé de su estanco. Tremendos estaban los Partagás. La conversación derivó inevitablemente en el temporal que no nos deja vivir, en las calles que se siguen inundando, en que las obras de peatonalización de Alcalde Rey Daviña siguen provocando que algunos locales de las inmediaciones se llenen de agua y, como no, sobre el ser, la nada, la crisis y los días pasados, que parece que fueron mejores, pero que seguramente no fue así.