El grupo socialista en Ravella está derivando hacia un sistema binario, en el que casi todo se decide entre Hierro y García
21 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Una ventolera de cambio inesperado parece haberse desatado sobre el gobierno local de Vilagarcía, concretamente sobre el seno del grupo socialista, mayoritario en la coalición que rige los destinos municipales de la capital arousana. Poco a poco, aseguran fuentes internas del Concello, los ejes del poder local han ido desplazándose hasta configurar un binomio que pocos hubiesen augurado al inicio del mandato: «Hoy por hoy, todo pasa por la alcaldesa, Dolores García , y por su portavoz, Victoria Hierro », señalan las mencionadas fuentes. Quienes conocen los engranajes de la casa consistorial aseguran, efectivamente, que ninguna decisión de trascendencia se adopta en Ravella sin que pase por sus (cuatro) manos.
Muy atrás quedan los tópicos políticos que conferían a Marcelino Abuín el papel de misterioso alcalde en la sombra. Desde que sus crecientes diferencias con la alcaldía desembocaron en su dimisión como portavoz, el responsable de Xestión do Territorio ha renunciado a todo protagonismo para centrarse en la gestión de un área que tiene por delante retos de la envergadura de Arousa XXI y, sobre todo, Luz Salgada. Si entonces alguien llegó a pensar que se iba a producir un vacío de poder sin candidatos a asumir las funciones vacantes de la portavocía, los hechos han demostrado que se equivocaba de principio a fin. El tiempo dirá si su ascenso da frutos positivos o negativos, pero Hierro no ha dejado ningún cabo suelto. La concejala de Carril es, definitivamente, la persona de confianza de la regidora, y con ellas dos pilotando su equipo municipal llegarán los socialistas al final de este inusual mandato.
La cohesión perdida
La verdad es que el PSOE no se ha preocupado demasiado por ofrecer desde el gobierno una imagen de cohesión -ni propia ni en relación con el BNG- a lo largo de los tres últimos años. La marcha de Enrique León evidenció enormes diferencias de criterio entre los siete concejales electos, que no obstante emprendieron la era García con la sana intención de cerrar filas. Pronto se abrió una nueva fisura. Para bien o para mal, Manuel Rodríguez Cuervo , histórico lugarteniente de Javier Gago , fue relegado a un segundo plano desde el que el responsable de Obras siguió operando, no sin cierta mirada irónica sobre la trayectoria que trazaban sus compañeros en la corporación. Después llegó el turno de Abuín, con cuya opinión dejó de contar la alcaldesa incluso en aquellas materias que caían bajo su directa competencia.
El ambiente resultante de todo ello no es bueno. Las diferencias persisten y en ocasiones se acrecientan. Hay ediles francamente descontentos. Algunos incluso se sienten maltratados o expuestos por parte de la alcaldesa y la portavoz. La gestión, pese a todo, continúa en cada una de las respectivas áreas a la espera de que proyectos como los citados anteriormente den a la ciudadanía la medida del modelo que el PSOE quiere para Vilagarcía, siempre que se defina previamente de qué PSOE se trata. Por fortuna para el puño y la rosa, las cuchilladas en la casa de enfrente son de tal magnitud que casi salpican.