Tenemos unos políticos poco morales. Los unos y los otros. Todos. Ante el mismo hecho, son exigentes y rigurosos o flojitos y magnánimos dependiendo de si afecta a un miembro de su partido o al de otro. Si algo caracteriza el comportamiento de los políticos en España es la doble moral. La más absoluta e impúdica hipocresía. Les pongo un ejemplo que rezuma actualidad. El alcalde de O Grove, José Antonio Cacabelos, tiene serios problemas judiciales. Le acusan de prevaricación, negociación prohibida a funcionarios y tráfico de influencias por las irregularidades en la contratación de la obra del edificio administrativo. El juez, además, cree que el regidor benefició a su hermano en este asunto. Casi nada. Cacabelos es socialista. Bueno, del PSOE, que no es lo mismo. ¿Y qué hace su partido? Le arropa públicamente ante sus tribulaciones judiciales y hasta viene a verle el secretario xeral de su formación, Pachi Vázquez. El PP les acusa de doble moral. Y tiene toda la razón del mundo. Porque si Cacabelos fuese popular, desde el PSOE pedirían su dimisión y dirían que el caso que le afecta es un gran escándalo. Ha pasado otras veces y con cosas menores. Lo peor es que el PP que ahora denuncia la hipocresía del PSOE hace lo mismo cuando el marrón toca en sus filas.