La puerta verde era una canción de Los Nikis que también cantaba el grupo infantil Parchís. Curioso, porque el tema estaba inspirado en el gran éxito que tuvo una película porno que llevaba por título «Detrás de la puerta verde». Así que cuando aquellas voces angelicales -las de los Parchís- cantaban aquello de «no descansaré hasta saber qué hay tras la puerta verde» seguramente no tenían ni idea de lo que de verdad había. Tomate había. Mucho tomate. Yo también soy de los que se pregunta qué hay tras una puerta cuando la tiene de frente. Sea verde, rosa, azul clarito o amarillo limón. Seguramente por eso me dedico a lo que me dedico, porque ser periodista tiene un punto cotilla importante. Lo mejor de una puerta no es imaginar lo qué hay, sino el momento en el que, tras una breve espera, se abre y aparece una estancia agradable y te reciben unos ojos brillantes de alegría. Chispeantes por verte llegar. Las buenas puertas son las que cobijan espacios que tienen la capacidad de ser distintos cada día. De sorprenderte. Lo mismo que las personas que los habitan. Las puertas se abren se cierran o se quedan entreabiertas. Y nada es malo ni bueno, sino que depende del momento. Siempre y cuando sea tu mano la que maneja el pomo. Eso es lo verdaderamente difícil.