Huelga de hambre

AROUSA

Hoy he estado en huelga de hambre. Y mañana haré otra. Y al día siguiente. Y así siempre. Para el resto de mis días. Lo hago para protestar. Un poco por todo. Porque no entiendo por qué cada vez pago más de luz si cada día la uso menos. Porque estoy harto de los peajes de la autopista y de las subidas del carburante. Porque en Galicia no hay transporte público. Porque la educación infantil no es obligatoria. Por las listas de espera en los hospitales. Porque para que te atiendan de una alergia pasan mil meses. Porque hoy tampoco funcionaba el cajero de mi banco y me cobran comisión cuando voy a otro. Protesto. Por tantas y tantas cosas. Y lo hago haciendo huelgas de hambre. Me ha enseñado la asociación de mariscadoras Lazareto de Carril. Ellas quieren 30 permisos de marisqueo y están dispuestas a todo. Ayer convocaron una huelga de hambre «hasta las últimas consecuencias». Empezaron después de desayunar, para ir con fuerzas, y pusieron fin al acto reivindicativo a las dos de la tarde. Porque había llegado la hora de comer. Lo habían avisado. Y no les tembló el pulso. Pasaron hambre «hasta las últimas consecuencias». Igual que yo. Ni ellas ni servidor volveremos a tomar el aperitivo. Hasta que el mundo cambie y les den sus permex.