El tercer hito contra el narcotráfico

AROUSA

Tres fechas destacan en la lucha contra el contrabando: 1984, con la primera redada de tabaqueros; 1990, por la operación Nécora, y el 2009, contra el blanqueo de dinero

12 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Los expertos aseguran que el año 2009 marcará un hito en el largo historial de la lucha contra el narcotráfico en Galicia. La operación Tabaiba, desarrollada por la Policía Nacional, y la Suntuarias, investigada por la Agencia Tributaria, significaron dos de los golpes más grandes contra los clanes gallegos. Pero a diferencia de lo que acostumbraban a hacer hasta la fecha las fuerzas del orden, no por la cantidad de droga incautada o la nómina de gallegos que tuvo que desfilar ante los juzgados, sino por dejar a varios grupos operativos sin sus herramientas de trabajo, ya fuese incautándose de la infraestructura necesaria para los desembarcos de droga, ya fuese despojándolos de sus negocios y sus fortunas. Con esas operaciones quedó demostrado que los narcos no eran impunes, y que el hecho de que no se les detuviese en una descarga no los libraba del brazo fuerte de la ley.

El contrabando es delito

La lucha en Galicia empezó en los años ochenta, cuando un cambio en la legislación permitió calificar el contrabando de tabaco como delito, y no solo como falta administrativa. A partir de ahí, policías, jueces y fiscales pusieron bajo su punto de mira a los tabaqueros que habían amasado fortunas en años anteriores con el rubio de batea. El juez José Luis Seoane, desde Cambados, inició una investigación que culminó un par de años después en el macrosumario 11/84 contra los amos del tabaco, entre los que ya se encontraban Marcial Dorado y Sito Miñanco. Las peripecias de abogados como Pablo Vioque, los trámites judiciales y la desidia hicieron que aquella gran operación se quedara en nada, pero al menos, a partir de esa fecha, los arousanos entendieron que los tabaqueros, tan bien vistos hasta la fecha porque creaban empleo y riqueza, estaban obligados a pagar impuestos igual que el tendero de la esquina. Y si no, podían ir a la cárcel.

El desembarco de Garzón

El macrosumario del tabaco no amilanó a los contrabandistas. Todo lo contrario. La mayoría de los que después se hicieron famosos con el tráfico de drogas, ya entonces descargaban cajetillas de rubio americano. El gran salto al narcotráfico se produjo cuando los colombianos descubrieron las magníficas condiciones de las rías gallegas para el transporte de cocaína y la cultura del estraperlo que a principios de los años ochenta había ya en la ría de Arousa, lo que les permitió cerrar fructíferos negocios que convirtieron a las costas gallegas en el principal punto de entrada de la cocaíana en Europa a lo largo de la década de los noventa y primeros años del siglo XXI.

Hasta que llegó Garzón en helicóptero y le puso nombre a la famosa operación Nécora. La desproporción entre el ruido que se hizo con las detenciones -en la nómina estaban nombres muy mediáticos, incluso alguno de la jet-set - y las endebles condenas sentenciadas muchos años después provocó una desazón en la sociedad que se extendía hasta hoy. Los ciudadanos no eran capaces de entender cómo todas aquellas personas a las que se les detenía una y otra vez por distintos alijos, incluso cuando se les pillaba con las manos en la masa, salían a los pocos meses a la calle para seguir organizando transportes, cuando no los dirigían desde la propia celda.

Ese malestar era palpable también entre las fuerzas del orden, que empezaron a plantearse la idoneidad de la estrategia planteada en la lucha contra el narcotráfico. Al mismo tiempo que ellos interceptaban un alijo, otros tres llegaban al mercado, que en ningún momento quedó desabastecido. Entonces decidieron que la única manera de acabar con los clanes era cortándolos de raíz; es decir, despojándolos de los medios que les permitían operar, tanto los logísticos como los económicos.

El clan de Patoco

Y así llegó el 2009, un año que no destacó por la cantidad de droga confiscada, pero sí por el desmantelamiento de grupos que llevaban años operando. Primero fue la incautación de una docena de planeadoras, yates, todoterrenos, camiones, tractores y remolques que dejó a los herederos del fallecido Patoco sin capacidad operativa. Tras la operación Tabaiba, realizada a mediados de año, el 2009 se cerró con la Suntuarias, un concienzudo trabajo de la Agencia Tribataria que permitió embargar bienes a otros tres supuestos narcotraficantes por valor de 650 millones de euros. Y otras investigacines que están en marcha darán fruto en breve.