«Nin cho digo, nin cho conto, catorce morcillas ten un porco». Eso afirma el refrán. Aunque, la verdad, las morcillas pueden ser cuantas quieran mientras que Cachucha, lo que se dice Cachucha, solo hay una y está compuesta por dieciséis individuos y una individua. La única asociación gastronómica del mundo conocido que rinde homenaje en su nombre a la cachola del porco rey celebró el sábado por la noche su primer aniversario. Lo hizo, sin fallo, en sus cuarteles generales de invierno y verano: la planta de arriba de la taberna de Moe's, en Vilagarcía, patria de mil y una parrandas y tremendos banquetes de barriga chea.
La alineación titular de los comensales incluye a Gúmer, Pepa, Llovo, Neno, Portu, Batusi, José, Gaspi, Terry, Marcos, Fos, Pachi, Cry, Manu, Kike, Capri y Mastín. La mayoría de ellos se sentaron a la mesa el sábado para no levantarse hasta varias horas después, cuando la llamada de la selva nocturna atrajo al personal hacia la barra, en primera instancia. Desde allí los cachuchos se desparramaron por las calles y garitos del pueblo una vez satisfecha la sed, porque ya se sabe que no solo de pan vive el hombre y al que no abreva la boca se le queda seca.
La cuadrilla gastronómica tiene las cosas claras y bien organizadas. Su secreto consiste en dividirse en varios grupos. Cada uno de ellos se encarga de la preparación de una papatoria. Y no solo de lo que tiene que ver con los fogones, sino también de poner la mesa, proveerla debidamente, retirar platos y restos de la vorágine, y finalmente dejar todo como estaba. O parecido, que tampoco es cuestión de ponerse talibán con estas cosas a según qué horas. De esta forma es posible disfrutar del raro privilegio de que Mastín le sirva a uno las zamburiñas. Algo así no se ve todos los días.
Siguiendo esta sencilla pero rigurosa fórmula, la Cachucha ha convocado en su primer año diez fenomenales paparotas. En ellas predomina el mundillo de las cenas, siete, frente al de las comidas, solo tres. También hubo cancha para otras tres reuniones gastronómicas. En la primera de ellas, cocinada el 4 de marzo, quedó bien claro de qué iba el asunto: cuatro kilos de cacheira con patatas y barrantes sellaron la alianza cachucheira.
La preparación y el contenido de los menús exhiben, a todo esto, un nivel que ya quisieran para sí muchos que van de maquinones de la restauración. A esta Cachucha le gusta el marisco y le hinca el diente a las centollas de la ría, aunque tampoco desprecia las peludas patudas asturianas. Almejas, pulpo, bacalao, picantones y carnes de distintos tipos han pasado por sus fogones, en preparaciones que oscilan entre lo tradicional y lo esmerado. Siempre sabrosas, en cualquier caso, cumpliendo otro principio infalible del saber popular: «Comamos, bebamos, poñámonos gordos, e canto nos digan fagámonos xordos».