Dos años ha tardado el Concello de Vilagarcía en determinar que los continuos vertidos que se registraban en Vilaxoán provenían de una empresa conservera. Una con mucha historia y mucha fama: Pita Hermanos. Les va a costar 60.000 euros de multa y tienen un año de plazo para dejar de verter a la red municipal, al igual que otras cuatro conserveras de la ciudad a las que Ravella ha hecho la misma advertencia. Todas tenían permiso para echar sus aguas sucias al alcantarillado municipal, pero están obligadas a depurarlas antes. Y eso es lo que se han saltado a la torera, según las conclusiones del Ayuntamiento. Resulta paradójico que estas empresas que viven de lo que nos regala el mar, o de lo que tantas veces le arrancamos sin su permiso, sean precisamente las que tengan que ser apercibidas por contaminar el océano que les da de comer. Del que todos comemos. En este país de pandereta nos encanta hablar de autovías, trenes de alta velocidad, puertos secos, ciudades de la cultura -o de la estupidez-, macro polígonos industriales y un sin fin de megaproyectos faraónicos y no somos capaces de dejar de echar nuestra basura al mar. Es como comprarse unos calzoncillos de marca y no limpiarse el trasero después de sentarse en el trono.