Muñecos verdes y rojos al unísono y apagones en serie o alternos marean a automovilistas y peatones en la avenida de Cambados
24 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Cada día, la avenida de Cambados es transitada por 20.000 vehículos. No lo dice cualquiera, sino la mismísima Consellería de Medio Ambiente, Territorio e Infraestruturas a través de su información estadística sobre las travesías y carreteras gallegas. La mayoría de los hombres y mujeres que conducen esta ingente cantidad de automóviles, camiones y motocicletas están al tanto del mareo que, durante la semana pasada, depararon varios de los semáforos que regulan el tráfico a los usuarios de la vía pública.
Los problemas se concentraron en los aparatos que operan en la incorporación de la calle Pablo Picasso a la vía que une Vilagarcía con Cambados, a la altura del edificio Procoarsa, así como en los que están instalados en el acceso principal a la urbanización de O Piñeiriño. Durante varios días ninguno de ellos funcionó. Consultado el Concello de Vilagarcía acerca del problema, fuentes municipales explicaron que la causa del apagón apunta a las obras de construcción del vial de enlace entre el Puerto y la AP-9.
De acuerdo con Ravella, los operarios que llevan a cabo la intervención están trabajando en el retranqueo de la futura rotonda en la que se iniciará la conexión portuaria. Este paso les obligó a desmontar las cajas de control de los semáforos de Pablo Picasso. Dado que los aparatos están en línea con los de O Piñeiriño, el apagón afectó también a estos últimos.
El jueves, los técnicos de la empresa que se encarga de su mantenimiento se desplazaron a Vilagarcía. Y al día siguiente los semáforos volvieron a funcionar, si bien de forma intermitente, con lo cual su utilidad se vio reducida en la misma medida en la que crecía el desconcierto de quienes circulaban por la avenida. Una situación que se extendía a los peatones enfrentados a la tarea de cruzar Pablo Picasso, pues en varias ocasiones los muñecos verdes y rojos que marcan la preferencia de paso de los viandantes estaban encendidos al unísono.
Cuando la lluvia arrecia, y este otoño está respondiendo a las expectativas más húmedas, tampoco es extraño que la señalización de San Roque torne opaca. Se trata de uno de los equipamientos más antiguos de cuantos operan en la capital arousana. Un achaque. Con razón dicen aquello de que de 60 para arriba, no te mojes la barriga.