Mis amigos Paco y Manolo de O Grove me dijeron una vez que preferían que le dejaran mojar pan en un carro de centolla a que les dieran fuentes y fuentes de cualquier otro marisco. A alguno le sonará exagerado, pero hay pocos placeres en este mundo tan sublimes como el armónico, penetrante y suave sabor a mar que encierra la cabeza de una centolla. Ayer empezó la campaña de este marisco y pronto comienzan las jornadas que O Grove le dedica. Buena oportunidad para comprobar que lo que digo es cierto. Es, junto a cigalas y camarones, mi marisco favorito. La nécora me gusta, pero tiene mucho trabajo para poca recompensa. Además, me da vergüenza comerla delante de extraños, porque soy de los que le arranco las patas al bicho y me zampo directamente el cuerpo, que es donde hay sustancia. La verdad es que los mariscos me gustan todos. Y mucho. Pero la centolla no tiene rival. Es la reina. Esperemos que la campaña arranque bien. Que haya buenas capturas y que no se desplomen los precios. Porque en este país sin industria y con un negro futuro por delante, lo poco que nos queda es lo que nos regala el mar y la tierra y que, afortunadamente, es también lo que más fama nos da en el mundo y nuestra mayor oportunidad de negocio.