El comedor de A Lomba

AROUSA

Vivimos en el país de la improvisación. Del tira palante y luego ya veremos. De la carencia absoluta de planificación. Lo vemos a diario en nuestras calles. Vemos cómo se abre una zanja tras otra sin que nadie sea capaz de poner a todo el mundo de acuerdo para que la calle solo se abra una vez y que sea en ese momento en el que se instalen todos los servicios necesarios. Un ejemplo clarísimo es el del comedor del colegio de A Lomba. El edificio es nuevo. Recién estrenado. Y, sin embargo, ya se ha quedado obsoleto. Al menos en lo que respecta a la capacidad del comedor escolar. Un servicio básico en los tiempos que corren. Resulta que el comedor en cuestión ya nació pequeño, que la Xunta no fue capaz de tener en cuenta que su tamaño hacía imposible acoger a los niños que ya en aquel momento hacían uso de él. Suspenso para la anterior Consellería de Educación. Los padres de alumnos reclaman ahora una solución. Y tienen toda la razón del mundo. Si la Xunta no ofrece una salida a esta situación se manifestarán e incluso dos padres harán una huelga de hambre. Desde luego, muy acorde con el tipo de problema que tienen. Y todo por no haber sido un poco más previsores.