David Bowie escribió que el tiempo puede cambiarnos pero que nosotros no podemos cambiar al tiempo. Siempre me ha impresionado cómo se producen los cambios. Todo parece que está quieto, pero se mueve. Como decía aquel anuncio, los cambios ocurren -el lema era en inglés, changes happens-. Estos días se celebra el veinte aniversario de la caída del Muro de Berlín. Menudo cambio fue aquel. Yo llevo un mes de muchos cambios. Uno de los mayores es que me he mudado de piso, pero ha habido otros. El que más me ha sorprendido es, quizás, el más pequeño de todos. Yo, que llevaba años siendo incapaz de beber el agua del grifo porque me daba asco, he dejado de comprar agua mineral. Mi bolsillo y mi columna vertebral me lo agradecen. Pero lo mejor ha sido comprobar cómo algo tan fijo en mi vida, algo que me ha acompañado tantos y tantos años, ha cambiado de un plumazo. Ha sido un magnífico ejercicio personal. Los cambios son parte de la vida. El problema es que vivimos tan rápido que casi nunca somos capaces de percibirlos. Pero aprender a aceptar los cambios es fundamental para que los cambios no te borren del mapa una vez que ocurren.