El fiscal incrementa su petición de penas para los acusados de regentar un burdel en Cotobade

AROUSA

«Aquello era un burdel». El fiscal jefe de la Audiencia Provincial tuvo ayer muy claro que en el club Parquesol, en San Xurxo de Sacos (Cotobade), las mujeres, en su mayoría procedentes de Paraguay, llevaban un régimen de vida «de semiesclavitud, encierro y privaciones relativas de libertad» hasta que hubieran abonado las deudas contraídas con la supuesta trama que las había introducido en territorio nacional.

De este modo, no dudó en incrementar su solicitud de condena para los dos acusados de llevar este negocio. Así, solicitó que se le impusieran a Irene I.D. y A Rogelio S.C. un total de ocho años de prisión por la presunta comisión de dos delitos de prostitución y un tercer cargo por promocionar la inmigración clandestina.

En su opinión, el caso dirimido ayer en la Audiencia es una muestra del binomio prostitución y pobreza, por lo que el ministerio público mantuvo que los encausados se aprovecharon de la situación de las víctimas.

Una posición que fue contestada por el abogado defensor de la pareja. Tras recordar que para que exista el delito de prostitución «tiene que existir coacción y tiene que demostrarse», incidió en que «no existe prueba alguna que los incrimine».

Por videoconferencia

En su alegato, atacó duramente a la principal testigo de cargo, que declaró por videoconferencia dado que esta considerada como testigo protegido. De ella, el abogado dijo que «vio el cielo abierto» cuando fue arrestada, ya que «cambió su declaración por un permiso de residencia». De hecho, auguró una cascada de denuncias interpuestas por mujeres que ejercen el alterne que buscarían lograr un permiso de residencia, un hecho que comparó con las denuncias falsas en casos de malos tratos: «Algunas mujeres llevan en el bolso la orden de alejamiento como si fuera un arma arrojadiza».

En este punto, cargó tintas contra los agentes que llevaron la investigación, a los que acusó de querer mantener el expediente a toda costa. Tanto Rogelio como Irina negaron los cargos tajantemente, aunque, eso sí, incurriendo en contradicciones. establecimiento de Cotobade.