En la gaviota conviven dos argumentos enfrentados. Uno es del todo eufórico; el otro reclama prudencia ante las municipales
18 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Nadie hubiese dicho, a lo largo de la noche electoral de marzo, en la que el Partido Popular recuperó su tradicional feudo en la Xunta, que siete meses después la gaviota se debatiría en Vilagarcía entre dos líneas de argumentación bastante diferentes con respecto a lo que le espera a la capital arousana en las municipales del 2011. Por primera vez en un ciclo electoral completo, el PP retornaba entonces a su condición de primera fuerza política de la ciudad, algo que no sucedía desde las autonómicas del 2001, las últimas en las que Manuel Fraga hizo pasear su blasón triunfante por los campos galaicos. Y sin embargo, así es. En estos momentos, cuando faltan un año y ocho meses para la siguiente cita con las urnas, los conservadores vilagarcianos se dividen entre quienes contemplan el futuro con absoluta euforia y quienes prefieren enarbolar la bandera de la prudencia a ultranza.
Quienes más fácil ven las cosas son los miembros de la ejecutiva local del PP, con su presidente a la cabeza. El equipo de Tomás Fole confía en la labor realizada durante los últimos años en Vilagarcía. Y, sobre todo, en una trayectoria ascendente que ha llevado a su partido a colocarse en primer lugar en los dos últimos envites con las urnas. Si en las municipales del 2007 el PP firmó un empate técnico a 7 concejales con el PSOE, con una diferencia de apenas un 3% de los votos a favor de los socialistas, las autonómicas de este año lanzaron a la gaviota hacia un 43,6% de los sufragios, lo que, trasponiendo los resultados a unos comicios locales, le hubiese otorgado a Fole diez concejales. Le faltaría uno, por lo tanto, para tocar la mayoría absoluta y, con ella, la alcaldía de la tercera población de la provincia de Pontevedra.
La siguiente prueba llegó con las europeas, en las que el PP creció hasta el 46,4%. Entonces sí, las proyecciones le hubiesen premiado con 11 ediles. El PSOE, sin embargo, aguantaría bastante bien, con un 39,2% de los votos y 9 concejales. La clave estaría en el desplome del BNG, que caería hasta un 7,7% y apenas un representante municipal. Todo estaría preparado, desde este punto de vista, para el asalto al bastón de mando de Ravella.
La lectura opuesta que sostiene el otro sector del PP recomienda, en cambio, prudencia por varias razones. La primera es olvidar los datos hasta cierto punto engañosos de las elecciones europeas. La segunda es la constatación de que el PP necesitaría en Vilagarcía crecer nada menos que cuatro concejales para gobernar. Pese a los buenos vaticinios de la ejecutiva vilagarciana, no falta en la formación conservadora quien contextualice los datos en el conjunto de la provincia: «No 2007 Corina quedou a un só concelleiro de gobernar Vigo, e Telmo a outro en Pontevedra; Corina medrou un 11% e Telmo algo máis dun 5%, pero en número de edís foron 3 en Vigo e 2 en Pontevedra; en Vilagarcía habería que gañar 4, así que o asunto non está nada doado», apuntaba la semana pasada un destacado miembro de la familia popular. El propio Rafael Louzán admite que, efectivamente, la cosa está más difícil en la capital arousana.