Miles de personas tuvieron claro que una actuación como la de Milladoiro es un espectáculo que no se puede dejar pasar. El escenario de la alameda vilagarciana reservaba un concierto con mayúsculas en los prolegómenos del fin de semana grande. La agrupación que sigue siendo la insignia de Galicia más allá de sus fronteras volvió a demostrar que siguen en plena forma, que su receta del éxito se reinventa cada día y que si además se le unen colaboraciones como la de Mafalda & Arnauth, una de las voces más provilegiadas del mundo del fado, el resultado ha de ser siempre positivo. La lusa actuó como telonera de excepción. Se decía entre el público que esa media hora de lujo hecho canciones sabía a poco, pero fue suficiente como para abrir el tarro de las esencias.
Las memorias de Milladoiro se remontan a hace ya treinta años. Con alguna cana más, olvidada en alguno de los múltiples camerinos visitados por todo el mundo, los integrantes de la banda echaron mano de los grandes clásicos para encadilar a un público que se había propuesto aplaudir a rabiar. Los hubo de todas las edades y todas las procedencias. Me refiero al público, aunque la definición serviría también para adjetivar los temas del repertorio. Nando Casal, uno de los grandes nombres propios, tomó la palabra y condujo la gala. Presentó la colaboración con la musa portuguesa en las canciones del último disco, A quinta das lágrimas, y despidió la noche musical con la tantas veces interpretada, pero rejuvenecida, Quen puidera namorala. Pues lo dicho, meu amigo... San Roque y la música, ya están aquí.