Tras un mes de julio pasado por agua, con una meteorología más propia del otoño que de estas alturas estivales, muchos fuimos quienes decidimos pasar la jornada del domingo en alguna de las playas de la comarca para disfrutar de los escasos rayos de sol con que nos propina este verano. El aparcamiento de la playa de A Lanzada estaba a rebosar, sin embargo dado el elevado número de plazas que dispone, no suele ser difícil dar con un sitio para dejar el coche, aunque sea bastante lejos del arenal. Así fue, y aparcamos sin excesivas complicaciones.
Rondaban las dos y media de la tarde y en el arenal había ya bastante gente. No obstante, conforme avanzaba la tarde fue llenándose cada vez con más bañistas, que se agolpaban fundamentalmente entorno al acceso que mediante una pasarela comunica el aparcamiento con el arenal, y también alrededor de donde se sitúan las hamacas y sombrillas para alquilar. Sin embargo, si caminamos un poco más por la arena alejándonos de las aglomeraciones que se producen en los accesos, no es difícil encontrar espacios en la arena para estar cómodos alejados de masificaciones.
Paseos por la orilla
Pero sin duda, lo que destaca de la playa de A Lanzada y en lo que supera a todos los arenales de la comarca es su extensión. Nada menos que 2.300 metros que permiten unas grandes caminatas de punta a punta para los más más inquietos que no se conforman con pasarse la tarde tumbados al sol. Las vistas a la imponente isla de Ons es otro de sus atractivos. Además, como no podía ser de otra forma, cuenta con todos los servicios propios de un arenal con el distintivo europeo de la bandera azul, como socorristas, duchas, lavabos y con la garantía de una arena y aguas de calidad.