Hace diez años Javier Gago apostó por dotar al Concello de sus propios canales de información a la ciudadanía. Retirada en silencio la revista Ágora, de la iniciativa solo queda la web local
24 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Julio de 1998. El aquel entonces alcalde de Vilagarcía, Javier Gago, trasladaba a la ciudadanía de la capital arousana la intención del gobierno local de crear un Área de Comunicación Social. Su cometido, esbozaba el regidor, «corregir el déficit de información del Concello en los medios de comunicación» y crear y gestionar dos proyectos ya apuntados con anterioridad: la emisora y el periódico municipales.
Los planes de Gago comenzaron a tomar forma el 1 de octubre de 1999. Solo unos meses después de haber cosechado en las urnas su primera y a la postre única mayoría absoluta en Ravella, el gobierno socialista ponía en marcha el Área de Comunicación Social. Al frente, Manuel Villaronga, periodista vilagarciano con una dilatada carrera profesional.
En el correspondiente acto de presentación, se informó a los ciudadanos de que el nuevo departamento nacía con la intención de contribuir a la modernización de Vilagarcía desde el ámbito de la información y la imagen exterior del Concello. Así, además de la puesta en marcha de un gabinete de prensa, y la creación de una revista y una emisora de radio municipales, el Área de Comunicación surgía como herramienta de proyección turística de Vilagarcía, a través de la edición de guías y vídeos promocionales y, sobre todo, mediante el diseño y mantenimiento de una página web.
Con mucho camino todavía hoy por recorrer en la alfabetización digital en esta esquina de Europa, la pretensión del gobierno de Gago de articular un conglomerado de medios de comunicación con el que trasladar su gestión a los vilagarcianos tuvo en la revista Ágora su primer pilar.
El 19 de febrero del año 2000 el alcalde y el responsable del Área de Comunicación Social presentaban el primer número de la publicación. Gago definió entonces Ágora como «una fuente de información», pero también como «un canal de expresión para los vecinos, en el que tendrán cabida las asociaciones, los empresarios, los artistas, los particulares, la oposición y cualquier otro colectivo que quiera opinar, sugerir o criticar». Su tirada era de 11.000 ejemplares, enviados a cada domicilio vilagarciano, y su periodicidad, trimestral, aunque sujeta a más de un retraso.
Las páginas de Ágora sirvieron para informar con profusión a los vecinos de Vilagarcía de las obras y proyectos que iban transformando el municipio, desde la remodelación de la casa consistorial o la aprobación del PXOM, pasando por el recinto de Fexdega o el Parque Miguel Hernández, hasta los estudios del Castro Alobre. Además de una sección abierta a los ciudadanos, los portavoces de los distintos grupos políticos en la Corporación tenían su espacio reservado.
Las críticas por Ágora no tardaron, sin embargo, en llegarle al gobierno local. La primera, tras el número 2, procedente de una Plataforma en Defensa da Ría de Arousa que acusaba de «manipulación» a los responsables de la revista por un artículo sobre los depósitos de Ferrazo. Una supuesta parcialidad que los grupos de la oposición pronto convirtieron en crítica recurrente, alcanzando su punto álgido a raíz, precisamente, de la intención de Gago de dar un nuevo salto cualitativo a la capacidad de resonancia comunicativa del Concello.
En los primeros días del verano del 2004 Gago se empeñó en conseguir que la Corporación apoyase la solicitud conjunta a la Xunta de una licencia de televisión digital junto a otros concellos de la comarca como Cambados u O Grove. La oposición frustró los planes de la minoría socialista, al calificarlos de gasto caro e inútil en un servicio que el gobierno local emplearía en su propio beneficio. A punto estuvo el BNG de pactar con Gago la petición de licencia, pero un desencuentro a última hora sobre los poderes de la comisión de medios de comunicación exigida por los nacionalistas para su voto favorable certificó la defunción del proyecto.
En el siguiente número de Ágora, Gago arremetió en su saluda contra la oposición y parte de los medios de comunicación privados con presencia en el municipio por su no a la televisión local. IU, PP, Ivil y BNG respondieron con duras descalificaciones al uso partidista de la publicación que, denunciaban, hacía Ravella. Los nacionalistas, con Xosé Castro Ratón a la cabeza, fueron en este punto los más beligerantes, al exigir vía judicial la paralización de la distribución de la revista hasta lograr la rectificación del regidor. Pero ni hubo paralización, ni rectificación. Gago desligó el ejercicio a su derecho de opinión de la labor informativa de Ágora.
Curiosamente, hubo que aguardar a que las críticas a la revista amainaran tras la creación en mayo del 2006 de la comisión municipal de medios de comunicación para ver cómo, silenciosamente, el bipartito surgido de las elecciones del 2007 decidía poner fin a la publicación. Una veintena de números quedaron guardados en la hemeroteca municipal.
Preguntado por el motivo del cierre de Ágora, el hoy edil de Cultura, Castro Ratón, zanja la cuestión con un escueto «porque o goberno local así o considerou». Sobre la posibilidad de recuperar el proyecto municipal de medios, fue igual de tajante: «O goberno local non ten ningún proxecto actual ou de futuro nese sentido». Por costes y eficacia Castro Ratón descarta el papel, la radio y la televisión como herramientas útiles para el Concello en plena era virtual. La apuesta del gobierno local pasa, adelanta, por internet, con iniciativas como «crear webs específicas en materia de turismo ou de cultura, integradas no portal do Concello pero con fórmulas de acceso -direcciones- específicas».