Caminar por la orilla del río de O Con se convirtió ayer en algo «diferente». Lo que habitualmente es un tranquilo deambular, fue por unas horas una vista atrás con rumbo a lo peor de la especie humana. Se expusieron a ojos de grandes y pequeños algunos de los instrumentos de tortura medieval más lesivos que inventó el hombre. Solo con leer los nombres de algunos de estos instrumentos, los vellos se erizaban, porque la imaginación hacía el resto. Bautizados como «Rueda de Santa Catalina», «Aplastacabezas», «Cuna de Judas» o «Máscara sujetalenguas», no hizo falta ser un experto en la materia para entender cómo funcionaron en su época. Los materiales más empleados son la madera y el metal. Muchos pinchos, muchos estilos de cepo, tornos, jaulas y sillas componen esta selección de una veintena de pesadillas hechas artilugio. A esto se suma la cacería de brujas, el escarnio público de la época y las confesiones forzosas de aquella profesión ya extinta de «verdugo». No apto para estómagos delicados.
No se puede decir que todo estuviese ayer orientado al terror y a la masacre humana. También hubo exhibiciones de oficios de otras épocas -o de aquellos que hoy en día son prácticamente testimoniales-. Se podría decir que hay ya algún niño en Vilagarcía que probablemente ha cambiado sus deseos de ser futbolista, astronauta o bombero para cuando sea mayor para convertirse en herrero, tras lo visto en la Feria do XIX. Hubo muestras de artesanía, comida, expertas en el tejido y hasta diversión con la instalación de un columpio con forma de navío para los visitantes.