A pesar de la victoria en las urnas, o precisamente a raíz de ella, afloran las viejas pugnas entre Vilagarcía y el resto de O Salnés
03 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El Partido Popular vive un momento feliz en O Salnés. El ribadumiense Rafael Louzán es uno de los grandes vencedores de aquella jornada del 1-M en la que cayó el bipartito. Su capacidad de influencia se ha traducido en el nombramiento de uno de los conselleiros clave en cualquier Gobierno, el de Política Territorial y Obras Públicas, que ve ahora reforzadas sus amplias competencias con las de Medio Ambiente. Quienes han tratado a Agustín Hernández desde una óptica institucional destacan de él su capacidad de adaptación a la situación política y su vocación técnica. Fue hombre de Xosé Cuíña , lo ha sido de Louzán, que lo acogió en la Diputación de Pontevedra, y con seguridad lo es ya plenamente del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo . En cualquier caso, una pica fundamental que el presidente de los conservadores pontevedreses coloca en Santiago.
La designación del cambadés José Manuel Cores Tourís como superdelegado de la Xunta en Pontevedra constituye otro logro fundamental en el haber del político de Ribadumia, que se garantiza, así, que las relaciones de la Administración autonómica con la inmensa mayoría de los alcaldes de Pontevedra (el área de Vigo es otra historia, reservada para otro delegado) queden en manos de un hombre de su entera confianza.
En dos años, Louzán ha pasado de sufrir hasta la prórroga y los penaltis para mantener la Diputación a dominar con suficiencia la escena política y contemplar con razonables expectativas de éxito las elecciones municipales del 2011. No en vano, las tres principales alcaldías de la provincia, Vigo, Pontevedra y Vilagarcía, pueden caer del lado popular al unísono, algo que nunca antes había sucedido.
Pero no todo es alegría en la viña del señor. La victoria en las urnas ha hecho aflorar una vieja dialéctica de contradicciones entre la estructura conservadora en Vilagarcía y en el resto de la comarca. El planteamiento no es nuevo. Al presidente vilagarciano, Tomás Fole , y a su equipo se les critica de puertas adentro por ir por libre y no aplicar las directrices que sí se siguen en los otros municipios de O Salnés. Desde Vilagarcía, en cambio, se entiende que la entidad de la ciudad exige una labor intensa y específica, puesto que, argumentan los populares vilagarcianos, los partidos decisivos se deciden fundamentalmente en su campo, que al fin y al cabo es el municipio en el que vota el mayor electorado de todo el territorio arousano.
Una historia de desencuentros
La historia de las relaciones entre la cabecera y su comarca se cuenta, desde la perspectiva de la derecha, por desencuentros. Hasta el punto de que entre militancia y simpatizantes se da por cierto un viejo principio: cuanto peor le va al PP de Vilagarcía, mejor le va al PP del resto de O Salnés.
De esta actitud distante hay muestras sobradas. Cuando el equipo de Manuel Fraga diseñó el mapa comarcal de Galicia, el borrador inicial no incluía a Vilagarcía dentro de O Salnés. Su corrección no evitó que la capital arousana no ingresase en la Mancomunidade do Salnés hasta abril del 2000, once años después de su fundación. Poco después de llegar a la alcaldía, el socialista Javier Gago solicitó, en 1992, la incorporación de la ciudad. Ni caso. Solo el relevo de Santiago Tirado por Cores Tourís al frente del Concello de Cambados y de la entidad supramunicipal permitió retomar y culminar el proceso.
En el momento en el que se concibe la vía rápida de O Salnés, el objetivo es unir Sanxenxo con la AP-9, no articular una comarca. La infraestructura supone un hito para el propio Sanxenxo, Cambados, Meaño, Meis, Ribadumia, y en menor medida también para O Grove. Pero Vilagarcía, la principal población de la demarcación, se queda al margen, al igual que Vilanova y A Illa. Su conversión en autovía repite este esquema pese a que el entonces regidor vilagarciano, Javier Gago, reclamó al entonces conselleiro de Política Territorial, Alberto Núñez Feijoo, que el desdoblamiento comenzase, precisamente, por la capital arousana. No hubo lugar.
Tal vez sea pertinente recordar en este punto que hace unos ocho años, el alcalde de Vilanova, el conservador Gonzalo Durán , promovió la idea de segregar el PP de Arousa de la estructura de O Salnés, creando un área propia junto a Vilagarcía, A Illa y Catoira. La idea no fue adelante, pero denotaba un claro sentimiento de discriminación en la cuna de Valle-Inclán frente al eje formado por Ribadumia, Cambados, O Grove y Sanxenxo.
Cuando Rivera mandaba
En cambio, entre 1983 y 1991, durante los ocho años en los que el PP mantuvo la alcaldía de la capital arousana a través de José Luis Rivera Mallo , la referencia conservadora era, sin duda, Vilagarcía. Fue a Rivera a quien un joven Xosé Cuíña acudió en busca de respaldo cuando quiso auparse a la presidencia de la Diputación, en 1987. Fue Rivera Mallo, no otro, quien ocupó un acta en el Senado. Hay quien piensa que la perspectiva de que Fole recupere Ravella para la causa popular preocupa a algunos de sus compañeros de latitudes próximas, convencidos de que el centro de decisión en la comarca se movería de nuevo hacia la ciudad, en detrimento del poder que ha ido creciendo a su alrededor, a la sombra de aquella caída. Habrá que verlo.