El PP contenta a un público fatigado de los políticos y de sus mañas sin reunciar a ellos, como demuestra la designación de Tourís y Porro
26 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La valoración social del político cotiza a la baja desde hace tiempo. Tretas, mañas, tramas y despilfarros se asocian cada vez con mayor intimidad a la imagen de quienes gestionan o aspiran a gestionar la cosa pública. En este mundo de paradojas incesantes, es el Partido Popular, enfangado hasta extremos muy poco recomendables en Madrid y Valencia, el que sin embargo mejor ha sabido leer este fenómeno en Galicia. Despojado cuatro años de las mieles, pero también de las hieles vinculadas al ejercicio del poder, la gaviota galaica ha podido presentarse ante el electorado del país limpia de los polvos y las pajas que había acumulado a lo largo del longevo fraguismo. Mientras, sus oponentes, los bisoños socios del bipartito, cargaban con el mochuelo bajo el aguacero inclemente de la crisi
s.
Con esta situación de partida entre las manos,
Alberto Núñez Feijoo
está demostrando enormes cualidades a la hora de cimentar una imagen sólida sobre la que ir construyendo su gestión. Esa virtud que antaño dominaba
José Luis Rodríguez Zapatero
y hoy parece abandonarle con la misma celeridad con la que el paro devora su gancho electoral, distingue ahora al nuevo presidente conservador de la Xunta, con el que nadie hubiese contado para jugar esta mano hace unos mese
s. El esquema que ha puesto en marcha en Santiago es, simplemente, genial. Feijoo se reserva para él y para su mano derecha, Alfonso Rued a, la dirección política del Gobierno. A continuación se rodea, en la cúpula del aparato autonómico, de un grupo reducido de escogidos conselleiros que destacan por su perfil técnico frente a la carga ideológica o territorial de otros tiempos. Con ello, satisface al pueblo soberano y calma su hartazgo con respecto al clásico político de toda la vida. Menos altos cargos, menos vender motos, mayor eficacia. Mensajes que el público aplaude y compr a.
Un aparato en varios niveles?
¿Quiere esto decir que el PPdeG va a renunciar a la política, en la etapa que se abre, en favor de la tecnocracia, ese error que por todas partes se atribuye ahora al Ejecutivo de
Emilio Pérez Touriño
? En absoluto. De las lecciones, aunque se sufran en carne ajena, también se aprende. Bajo aquel segundo nivel de conselleiros técnicos se va a desplegar un nuevo poder: cinco superdelegados que concentrarán las competencias y la representación única de la Xunta en sus demarcaciones. Ellos serán los encargados de mantener a San Caetano en contacto permanente con la base de la pirámide, la militancia y los alcaldes que tantas alegrías han dado a la causa popular, respondiendo además al inevitable anhelo territorial que anida en el alma social de cualquier galleg
o.
Porque es evidente que los conservadores no van a poner estos cinco cargos en manos del primero que pase, sino de gente que sepa traducir perfectamente las claves de la gestión pública al lenguaje que sus cargos locales y el común de los administrados entienden y reconocen. En otras palabras, los superdelegados serán políticos bregados allá donde haga falta. El mejor ejemplo es
José Manuel Cores Tourís
, azote de la Xunta bipartita, magnífico conocedor del terreno en el que se tendrá que mover. Nueve años en el Senado y once en la alcaldía de Cambados le confieren un inestimable bagaje a la hora de establecer una fluida intercomunicación entre las altas y las llanas esferas. ¿Qué es lo primero que ha anunciado tras saber de su inminente designación? Que tratará de visitar a todos los regidores de la provincia. Mas claro, agua.
Sin complejos en el Puerto Que en la Xunta de Núñez Feijoo habrá política, y mucha, lo demuestra también el nombramiento de Corina Porr o al frente de la Autoridad Portuaria de Vigo. Si existen puestos de responsabilidad en los que esté plenamente justificada la presencia de técnicos en lugar de cargos políticos, estos son sin duda cualquiera de las presidencias de los cinco puertos de interés general de la comunidad. En cambio, son contadas las excepciones en las que el juego político no ha primado en ellos como criterio fundamental. Antes y ahora. Porro no oculta que, como en su momento hizo el socialista Abel Caballer o, su paso por el primer puerto de Galicia no es sino la plataforma que debe proyectarla hacia la alcaldía olívica en el 201 1.
Por eso son varias las voces, algunas incluso ajenas al PP, que animan a
Tomás Fole
a olvidar sus reticencias para asumir plenamente la hipótesis de presidir la Autoridad Portuaria. Porque, aun en sus momentos más bajos, el grupo municipal siguió funcionando. Porque, lejos de distanciarse de los problemas de la ciudad, el cargo puede darle una influencia social e institucional sobre la vida del municipio de la que hoy carece por mucho que lidere la oposición en el pleno. Valores inestimables cuando lo que interesa es intentar con garantías de éxito el salto a la alcaldía. Y, finalmente, porque, de acuerdo con la sensibilidad local, siempre será mejor alguien de Vilagarcía que el desembarco de un extraño. Política y territorio, en definitiva. ¿O es que alguien llegó a pensar otra cos
a?