San Gregorio es cosa de familia

AROUSA

José Silva abrió en el año 60 la panadería Paradela donde hoy se cuece un gigante bollo de Pascua. En el negocio y en la fiesta, ayudan todos sus parientes

19 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

En Paradela, la profesión de panadero es cosa de familia. La devoción por San Gregorio, también. De ambos son responsables los Silva Arcos, una familia numerosa que, además de atender el negocio, encuentra tiempo para organizar los festejos en honor al santo. Y eso implica ocuparse del bollo gigante de Pascua, un dulce que ya figura en el libro del Guinness por ser el más grande del mundo. Llevan quince años haciéndolo y siguen desempeñando esta tarea con tantas ganas e ilusión como la primera vez.

José Silva es el cabeza de familia, «o patriarca» como dicen sus hijos. Abrió la panadería allá por los años sesenta, aunque empezó a amasar cuando solo tenía doce años. «Empezamos cunha artesina e un forno de leña antiga. Só facíamos moletes», asegura. A su lado estuvo siempre su mujer, Concepción Arcos, que era la encargada de echarle una mano en el negocio. Lo hacía al mismo tiempo que se encargaba de criar a sus siete hijos. «Facía o reparto cos fillos, ou embarazada, ía lavar ao río e traballaba no campo», afirma su marido. «Era unha batalla. Tiñamos vacas, cerdos, de todo. Así estamos velliños», añade ella. Entonces, los moletes pesaban un kilo y se repartían en bicicleta por las tabernas y las tiendas. «Teño ido a Vilagarcía e a Vilanova en bicicleta cos cestóns», recuerda Silva.

Las cosas han cambiado mucho. «Cambiaron todas as fariñas e os sistemas de traballo. Agora facemos máis cantidade e variedade», asegura. Aún así, mantienen la tradición y aseguran que sus barras nada tienen que ver con los que se venden en grandes superficies. Pero lo que no ha variado son los madrugones. Entre las cuatro y las cinco de la mañana suena el despertador en esta casa. «Eu se me deran algo, xa me xubilaba agora». Quien habla es Juan Luis Silva. Reconoce que ese ritmo de vida cansa. «Antes parabas domingos e festivos, pero agora estamos aquí, ao pe do cañón», asegura.

Lleva en la panadería «desde que nacín». Un trabajo que compartió con su hermano mayor, ahora fallecido. Su puesto lo ocupó uno de sus cuñados, Juan Lede. Del reparto se encarga su hermana Eva. Y hubo un tiempo en que un cuarto hermano, Fernando, también trabajó en el negocio familiar. Ahora, solo echa una mano en las temporadas de trabajo, como la de Pascua. Sobre todo, porque él es el presidente de la comisión de fiestas de San Gregorio, encargada de organizar los festejos que se celebran esta mañana y del bollo gigante de Pascua.

La historia de este enorme dulce comenzó hace ahora quince años. «Foi coma unha broma e fixemos un bolo de 30 ovos», explica Fernando. «Empezamos cunha chapa de ferro e despois fumos aumentando e soldando máis chapas», añade su padre. Hoy la panadería cuenta ya con toda una infraestructura para cocinar el bollo. Se ha elaborado un molde de cinco metros de lado por dos de ancho. Disponen de un andamio con ruedas, para darle la vuelta, y de la colaboración de todas las vecinas, que reúnen los seis mil huevos y vienen a lavarlos el día antes.

La confección de este gigante huevo se inició ayer por la tarde. Con mucha paciencia, se colocaron en el molde los seis mil huevos. «Hai que empezar polo medio, para que non se rompan», asegura Fernando. Después, la mitad se metió en el horno. Dos horas y media después, se le dio la vuelta. Y esta misma mañana, el remolque de un tractor sirvió para llevarlo a la fiesta, pues pesa mil kilos. El trabajo de esta familia todavía no ha terminado. Hoy, tienen que repartir el bollo en mil raciones. Lo suyo es tradición, «agora xa non podemos paralo», responden orgullosos de su labor.